Las reglas económicas que fueron sumándose durante el año, además de la pesificación que abarató y permitió la cancelación de préstamos bancarios, facilitaron el surgimiento de diferentes modalidades para cancelar las deudas del campo. Por caso, u$s 300 millones habrían sido cancelados mediante Títulos Públicos (Decreto 1.387/ 2002) aunque cerca de 10% de los aún deudores habrían esperado una prórroga que no se produjo.
«Esta situación permitió que el campo se autofinanciara este año y como no hubo financiamiento bancario, los productores continuaron reteniendo la cosecha y ahora venden de a poco. El desaguisado económico encontró al productor con el dólar en su casa, es decir, con los granos en el campo y con una pesificación que lo benefició», ratificaba
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