El Banco Central, preocupado por la inflación, decidió tener una política monetaria contractiva y está monitoreando la evolución de los Medios de Pago (M2), en lugar de la Base Monetaria (dinero en poder del público + depósitos de los bonos en el BCRA). Según una fuente de la autoridad monetaria, si se miran los números del primer trimestre del año, M2 llegó a $ 105.167 millones, que es el límite inferior de la meta que se estableció a principios de año. Si se compara febrero con enero, M2 cayó $ 1.120 millones (1,1 por ciento), porque bajó el dinero en poder del público y los depósitos en cuenta corriente y caja de ahorro.
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Estos fueron los principales datos que dejó la fuente del Banco Central:
A la contracción de M2 ayudó el cobro de los redescuentos de los bancos establecido por el «matching», que calza los redescuentos con el vencimiento de los bonos de la deuda que tienen los bancos en su cartera. Muchos bancos cancelaron los redescuentos de manera anticipada por un total de $ 1.800 millones.
Otra parte del mérito de la contracción monetaria se la llevan las nuevas Nobac de cupón variable que pagan tasa BADLAR de bancos privados más una sobretasa. La BADLAR es el promedio que pagan las entidades por los depósitos a plazo fijo a 30 días. Estas Nobac las licita el Banco Central todos los martes y se negocian en el mercado secundario.
Los tres pilares en los que se apoya la contracción monetaria de aquí en más son: sector público con superávit fiscal, pagos externos y el cobro de cuotas de redescuentos a los bancos.
Se seguirá ajustando hacia arriba de manera suave la tasa de interés, para alentar el cambio de portafolios. La idea es que bajen los depósitos en cuenta corriente y aumenten los de plazo fijo. Además se estimula a las entidades a que coloquen sus excesos de liquidez en pases (operaciones con garantías de bonos a 1 y 7 días de plazo) y en Lebac y Nobac. Todos estos movimientos permitieron y permitirán compensar la expansión que genera la emisión de dinero para comprar dólares.
En 2005, los principales mecanismos de absorción de dinero fueron la cancelación de redescuentos por parte de los bancos ($ 9.500 millones) y las Lebac y Nobac ($ 10.000 millones).
La evolución de los precios no va a terminar en una espiralización porque no hay una expansión irrestricta del crédito interno, como cuando se emitía para saldar el déficit del Estado, o una asistencia ilimitada al sector financiero. No hay una importante demanda de dólares, que es el paso previo a cualquier inflación.
No hay que buscar similitudes con inflaciones anteriores porque ahora se tienen los niveles de superávit primario más altos de los últimos 50 años, un sector financiero que cancela deuda con el Banco Central y un sostenido superávit de cuenta corriente por el crecimiento de las exportaciones. Antes los déficits se arreglaban con emisión de dinero.
Esta inflación que se generó es apenas un reacomodamiento de precios lógico, porque después de la devaluación no se trasladaron todos los costos a los precios, además de inflación importada por la suba del petróleo, carne y materias primas en general.
La justificación para no subir más las tasas de interés para frenar precios es que el crédito en el mercado argentino apenas supera 10 puntos del PBI, por lo que las tasas no tienen la suficiente potencia para anclar los precios.
La acción que hay que llevar adelante es coordinar la política fiscal y salarial, y la competencia.
El plan que tiene el Banco Central es controlar los agregados monetarios y permitir una suave suba de las tasas para alentar el ahorro sin complicar inversiones ni que atraigan capitales especulativos.
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