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4 de julio 2007 - 00:00

Chacho como Merlo

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Un sino particular parece perseguir a Carlos Chacho Alvarez, hoy embajador argentino en el Mercosur. Hasta aquellos que lo quieren le asignan, algunos con humorismo, el síndrome de la mala suerte, como una especie de Rey Midas al revés.

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Parecía que, en la cómoda embajada regional, no tendría más tropiezos y se iba a reponer de las creaciones y las destrucciones que lo caracterizan: el grupo Jaen, otro llamado Vísperas, el Frente del Sur con Pino Solanas, el Frepaso, la Alianza con la UCR y el propio gobierno de Fernando de la Rúa. Apenas un paneo de catástrofes que, tal vez injustamente, se le atribuyen.

Había que ser demasiado poderoso en fluidos para fragmentar el Mercosur, más cuando él -como diplomático- comulga con las promesas de liberación progresista que a su modo interpretan Néstor Kirchner, Tabaré Vázquez y el brasileño Lula da Silva. Era, además, un partner ideal para la incorporación del general Hugo Chávez, quien como se sabe se interesó para ingresar al Mercosur.

Pero, y no por culpa de Chacho Alvarez, se sucedieron problemas de diversa índole-insultos, agravios, intemperancias, casi todas provenientes del venezolano-, rechazos a la incorporación por los parlamentos paraguayo y brasileño, que culminaron en un úkase chavista: «Si en tres meses no me admiten, retiro el pedido».

Seguro que Brasil tiembla por esta amenaza. A todo esto, la Argentina ya aprobó una solicitud que quizá sea retirada, el Mercosur vive sus horas más calientes y más de un pícaro hará cuernitos cuando lo vea a Chacho Alvarez. A él, como hincha de Racing, quizá no le moleste esa comparación con quien se destacó en ese ejercicio manual que presuntamente neutraliza la mala fortuna. Al embajador no le vendría nada mal.

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