El Banco Central -como se hace en Brasil, aunque allí hay más seriedad y previsibilidad en los gobiernos-convocó a 100 estudios, inversores grandes y expertos para que opinen sobre el futuro económico inmediato, principalmente en este 2004. Ayer difundieron el pronóstico y el primer comentario fue: "Si yo fuera el gobierno, compraría en el acto esos números". Las estimaciones optimistas son: crecimiento del PBI, 6,5% (el gobierno se conformaba con 4,5%); superávit comercial de u$s 14.000 millones; tasa de inflación, 7,5%; dólar a $ 2,99 a fin de año: suba de salarios de 10% nominal (menos de 3% real sobre alza precios); casi 300.000 nuevos puestos de trabajo. Esto último es poco para el actual nivel de desempleo. Tampoco es buen pronóstico que por lo que se pague en plazo fijo habrá tasa negativa para inversores; y que las reservas se incrementarán sólo u$s 2.500 millones que, frente al superávit comercial , supone pagos externos privados y no se sabe si público, o fuga de capitales. Todo cálculo hoy en la Argentina tropieza con el imponderable de un gobierno en el cual se desconfía para su manejo administrativo y un país demasiado expuesto a los violentos arrebatos presidenciales, con el riesgo de que el FMI no renueve el acuerdo. Si esto sucediera, las metas pronosticadas se caerían.
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