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La semana pasada el gobierno bonaerense de Felipe Solá le adjudicó parte de una licitación para una red de transmisión de datos, algo más lejano aún a la actividad periodística. Pareciera que «Clarín» estuviera conducido por visionarios empresarios y magos en finanzas para abarcar tantas diversas actividades.
Sin embargo fue endeudado por el pequeño núcleo gerencial que encabeza Héctor Magnetto en 2.000 millones de dólares e iba a ser apropiado por acreedores externos si el duhaldismo no le votaba una «ley cultural» por la cual no pueden tomarle del exterior más de 30%. Eso derrumbó el valor de deuda para los acreedores. Una ley así en Brasil permite 40% pero aquí se le fijó -«ley con nombre y apellido» se le dijo- en 30% porque «Clarín» ya había cedido a Morgan Stanley de Estados Unidos 18%. Si los acreedores se agrupaban no podían superar unidos 48% y el grupo Magnetto no perdería nunca la conducción.
Que ese grupo monopólico tiene fuerza pero no calidad lo demuestra también en televisión abierta. Cuando el animador Marcelo Tinelli y «Telefé» estaban unidos «Canal 13» de «Clarín» era segundo en rating. Cuando Tinelli derivó a «Canal 9» le sacó ese segundo puesto y quedó tercero a riesgo de que un empinamiento de «América» lo derive a 4º.
El secreto de la expansión constante pese a su escasa calidad gerencial reside en que hoy «Clarín» es una franquicia. Otros piensan negocios, traen la plata y el monopolio pone su marca que en plaza y gobierno significa