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23 de junio 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Hugo Chávez
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación»


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El columnista dedica la entrega a una crónica de la destrucción de poder del gobierno en la pelea con el campo: divorcios Kirchner-Cobos y Kirchner-D'Elía, trizamiento del bloque oficialista en diputados que no tiene hoy los votos para avalar las retenciones móviles, distancia irrecuperable entre la administración y el campo, final del romance con la opinión pública según encuestas catastróficas para el matrimonio.

Señala un punto inadvertido en los comentaristas de la semana: cómo se parece la pelea Cobos-Kirchner con la que protagonizaron, por mucho menos, Fernando de la Rúa con Chacho Alvarez, cuya renuncia significó el final del gobierno de la Alianza.

El megacacerolazo del lunes pasado, el más grande que se recuerde desde 2001, es el aldabonazo que conmovió a los Kirchner más que al público que lo protagonizó y señala la formidable pérdida de poder del gobierno que presumió de haber reconstruido la autoridad presidencial. Lo prueba la audacia del vicepresidente Julio Cobos al intentar dar él la solución a un problema que los Kirchner no quieren solucionar, porque les permite dotar a Cristina de Kirchner de la debilidad con la que asumió el cargo. Un ejemplo: si Daniel Scioli habría hecho lo de Cobos hace cuatro años, hubiera recibido el rayo fulminante de los Kirchner. Hoy Cobos lo hace y los Kirchner no tienen con qué darle. Más todavía: si buscasen sancionarlo, lo convertirían en una figura nacional que el mendocino no es. La cercanía de los Kirchner parece un seguro de descrédito hoy; lo saben Jorge Capitanich y Scioli, que dinamitaron parte de su bien ganado prestigio cuando leyeron, respectivamente, documentos contra el campo al salir de dos reuniones (una con legisladores, la otra con el PJ) encabezadas por Néstor Kirchner.

Y lo peor: la crisis ha descapitalizado a la tesorería, que no puede mantener el flujo de fondos hacia los sectores más beneficiados, sean gobernantes provinciales y municipales o empresas e insumos subsidiados. Morales Solá aporta un dato: hay en el puerto de Buenos Aires varios barcos con gasoil que no desembarcan el producto a la espera de saber quién pagará la diferencia entre el precio internacional y el valor local que quiere el gobierno. Este les ha reclamado a las empresas importadoras que se hagan cargo ellas del subsidio; le respondieron que de ninguna manera y comienza a faltar ese insumo. Menos mal que es el gasoil que va al público, no a las empresas generadoras de energía. Si fuera así, y con el frío que hace, comenzaría de nuevo la falta de electricidad.

Algo exagerada la profecía que se cree obligado a hacer el columnista en el remate de la nota: las crisis de la UCR y del PJ podrían abrir camino a una aventura populista a lo Chávez. Es, en todo caso, lo que sueña Kirchner en su aventura pospresidencial. Toda una ironía: Chávez quería ser Kirchner, pero ahora el santacruceño termina queriendo ser Chávez.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín»


Más apocalíptico que todos sus colegas -aún más que Mariano Grondona, que es decir algo- el columnista del monopolio cree que sólo un milagro puede salvar al gobierno de la crisis con el campo. Ocurriría si el Congreso esta semana encuentra una martingala que satisfaga las demandas de los productores, pero a la vez resguarde algo del poder del gobierno para seguir lo que resta del mandato de Cristina de Kirchner sin tribulaciones.

El protagonismo de Néstor Kirchner, imagina Van der Kooy, ha crecido a la vez que la crisis se profundizó; falta saber qué ha sido primero. No hay dudas sobre el efecto que ha tenido: gobernadores como Juan Schiaretti y Daniel Scioli han reaccionado de distinta manera ante esa marea. El primero tomó la máxima distancia de los Kirchner; el segundo se ha ocupado de transmitir el malestar de los intendentes de Buenos Aires por una falta de solución que redunda en mayor agresividad de los vecinos hacia ellos.

Lo único con que cuenta el gobierno es con pobres triunfos pasajeros: el éxito de Alberto Fernández en desplazar, aunque fuera por un rato, de la escena a Luis D'Elía; las fracturas que comienzan a verse entre las entidades del campo, que no parecen en condiciones de volver a acordar un paro por unanimidad.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación»


No le deja el profesor muchas chances a Cristina de Kirchner de salir de la crisis en la que metió a su gobierno. La acusa de « arrogancia discursiva» y de no entender que los cacerolazos no sólo le piden que modifique las medidas hacia el campo, sino que cambie el rumbo de su gobierno. «Lo que están pidiendo no es cambiarla», dice en tono perdonavidas.

No cree Grondona que sean posibles esos cambios porque los Kirchner, imagina, tienen un formato ideológico que se los impide. Son, dice, «neomontoneros» y condenan todo lo que ha pasado en el país hasta 2003 y en esa arrogancia que los caracteriza han dicho que sus gobiernos han sido los mejores de la historia del país.

Aunque no cree que le hagan mucho caso, el columnista les acerca una receta para redistribuir mejor el ingreso; en vez que sacarles plata a los ricos para dársela a los pobres, ¿por qué no dejar que los ricos ganen plata y que paguen altos impuestos para destinar esas rentas a los pobres?

Seguramente que la redistribución de la riqueza es un emprendimiento mucho más complejo de lo que el gobierno, y el profesor, creen. Si fuera posible hacerlo como dicen, estaría resuelto aquí y en todo el mundo, en donde es tan difícil como en la Argentina encontrar un distribución más igualitaria de la riqueza.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12» 


Las columnas de este periodista asesor que eran trágicas siempre, se repiten ahora como comedia. Como si no tuviera más que decir sobre lo que pasa en el país, regala a sus lectores una parodia de análisis político imitando el léxico y los argumentos de los contradictores del gobierno que se empeñó hasta ahora en defender. Quiso seguramente ilustrar la hipótesis presidencial de que en la Argentina no hay ningún problema y que todo se reduce a una cuestión de relato; que la crisis del campo y sus consecuencias son una patraña urdida por la prensa, vaya a saber por qué motivo.

El recurso a la ironía es para grandes plumas. Escribir «a la manera de» es un viejo recurso literario, casi un género, que practicó con fineza en la Argentina, entre otros, Conrado Nalé Roxlo, que publicó una «Antología apócrifa» (1943) en la que incluyó poemas escritos a la manera de otros autores. Verbitsky no es Nalé Roxlo, pero la columna de ayer se puede anotar en el género del «periodismo apócrifo».

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