Hace más de 15 días Domingo Cavallo pudo haber ingresado al gobierno. Fernando de la Rúa se resistió porque si le entregaba el Ministerio de Economía tal vez le concediese demasiado poder. Ayer le cedió la Jefatura de Gabinete, o sea la llave del gobierno. Quien temía quedar parcialmente encerrado por Cavallo hace una quincena, hoy ha quedado a su disposición.
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Sería demasiado atrevido suponer que Cavallo diseñó este desenlace político que lo convierte, como en tiempos de Menem, en un «superministro». Su único deseo, hace tiempo, es ingresar al Ejecutivo y en ese fogoneo estaba porque obviamente se creía uno de los pocos, si no el único, capaz de resolver la crisis económica. Además, su deseo provenía de lo que él llama «conciencia patriótica» o de lo que algún objetor de su conciencia diría: «Como no llegaba al poder por intermedio de Acción por la República, decidió un camino más corto» (esto parecen suscribirlo algunos de los hombres de su partido que temen la disolución del sector y, algunos, directamente ya se pasan a otras fracciones en la Capital Federal).
En Londres, cuando esperaba las medidas de Ricardo López Murphy, ya descontaba su fracaso; considera a su amigo como demasiado fiscalista, ahorrativo, sin imaginación para recuperar la actividad económica. Un espléndido secretario de Hacienda, nada más, según su juicio. Para entonces, él ya se veía como futuro jefe de Gabinete y conservando a Chrystian Colombo, a quien le reconoce eficacia en el trato con los gobernadores y al que le agradece haber sido el principal canal -junto a Fernando de Santibañes-en su acercamiento al gobierno.
Ya en Chile y develadas las nuevas medidas, Cavallo confirmó su anticipo sobre López Murphy y decidió ampliar sus condiciones para ingresar al oficialismo: pretende el regreso de Carlos Chacho Alvarez al gabinete (fue De la Rúa quien sugirió el Ministerio de Educación como alternativa), un respaldo político del resto de las fuerzas políticas por la emergencia que vive el país, expresado sencillamente en el apoyo a su gestión futura a través del artículo 76 que le permitiría legislar sin Parlamento en determinados temas y durante un año (¿un aporte jurídico de Horacio Liendo?). Supone que las provincias padecen los mismos infortunios que la Nación y, por lo tanto, podrían votar esa concesión. Hoy, sin embargo, la vigencia de ese artículo es objeto de observación cuidadosa por parte de los opositores. ¿Para qué lo quiere?, ¿desea modificar la convertibilidad?, ¿descongelar reservas, bajar encajes? Preguntas sin respuesta concretas, aunque Cavallo confesó que necesitaba esa prerrogativa constitucional porque hay leyes a modificar que los lobbies, si los dejan actuar, habrán de impedirlo.
Esa contestación fue la que les brindó a gobernadores y a otros hombres fuera del gobierno con los cuales habló ayer por teléfono, luego que lo hiciera De la Rúa. O sea, ya estaba en funciones aunque no se lo confirmara. Deseaba, eso sí, que ayer mismo lo designaran para calmar los mercados, pero el Presidente prefirió evitar nombramientos individuales y se refirió sólo a la necesidad de contar con el artículo 76 y de consagrar un futuro gobierno de unidad colectiva. En el peronismo mientras Cavallo ubicó una cuña, ya que Carlos Ruckauf se muestra más adicto a su ingreso que José Manuel de la Sota. En el Frepaso, mientras, hoy brindará la respuesta sobre la inclusión de Chacho Alvarez en el gobierno, eventualmente, la de una alternativa como Darío Alessandro en Interior (con lo cual, Colombo pasaría a la Secretaría General).
Aunque López Murphy fue confirmado, lo cierto es que Cavallo impulsará un programa que en alguna medida revisa y altera sus recientes anuncios. Pero, para explicar su permanencia, el titular de Economía entiende que se le garantiza el monto de los ahorros por él enunciados (2.000 millones de dólares) pero a través de otros recortes (no fondo del tabaco ni el subsidio a las naftas, tal vez). Nadie sabe si comparte la última tendencia manifestada por Cavallo a favor de una canasta de monedas que, tal vez, signifiquen una modificación cambiaria. Aunque ésa será otra discusión. Hoy es la hora de la negociación política con el Frepaso y el justicialismo y la concesión o no del artículo 76 de la Constitución.