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Esta vez la medida, a estar a las noticias difundidas el 20 de junio pasado, se tomó a caballo de un blanqueo fiscal telemático, el que a su vez (i) incluye hasta los litigios en curso; y (ii) excluye solamente a aquellos que han evadido absolutamente todos los impuestos. Esta segunda medida generaría al fisco italiano recursos extraordinarios, con tasas de blanqueo que son diferentes según los impuestos y van desde 4% a 8% de los respectivos importes. Bien razonables, entonces, al tiempo de tratar de seducir a los contribuyentes. Para el fisco, la «recompensa» es gruesa. Se habla de ingresos totales del orden de los 16.000 millones de euros. Sería todo un récord para un país que, a la manera del nuestro, ha recurrido de tiempo en tiempo a estas medidas. En perjuicio ciertamente del contribuyente que cumple regularmente, a quienes así se desalienta. Pero de cara a la realidad.
Operativamente, el referido «escudo fiscal» funciona, no obstante, de manera independiente del blanqueo impositivo.
El plazo para acogerse a esta nueva «rueda» del «escudo fiscal» -que pareciera será la última- vence el próximo 30 de setiembre.
La tasa (costo) para acogerse al sistema vuelve a ser la de origen. Esto es, de 2,5% del importe que sea en cada caso repatriado.
Recordemos que la segunda «rueda» de esta iniciativa tuvo (desde el 16 de abril pasado, hasta fin de junio) una tasa algo superior, de 4%. A la que ahora se consideró demasiado onerosa y no atractiva para estimular a muchos.
Para evitar consumar desigualdades, respecto de quienes oportunamente se acogieron a la segunda «rueda», se devolverá en más la diferencia de tasas, o sea 1,5%, lo que será repagado a los contribuyentes a fines de julio próximo. En la segunda «rueda», recordamos, se repatriaron capitales por un orden de 10.000 millones de euros, llevando el total repatriado a niveles que, se dice, son ya superiores a los 60.000 millones de euros.
Se espera que la nueva «rueda» produzca repatriaciones adicionales del orden de unos 3.000 millones de euros. Completándose así un proceso -hasta ahora exitoso- que apunta a lograr una purificación fiscal de capitales en manos de italianos que, hasta ahora, estaba ilegalmente en el exterior.
Alemania acaba de sumarse a este tipo de medidas con las que ella también espera repatriar capitales, por un total que se estima será del orden de los cien mil millones de euros.
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