La situación fiscal holgada que muestra el gobierno en enero, y que para el Poder Ejecutivo significa que desde el FMI no podrá haber reproches, sería interpretada de otra manera por los negociadores del organismo. En 20 días llegarán a Buenos Aires los enviados de Horst Köhler y le exigirían a la Argentina que utilice el dinero del sobrecumplimiento de las metas para mejorar la oferta de quita de 75% (en realidad, 90%) con los acreedores privados. Si la posición del Fondo es intransigente, podría peligrar el desembolso de 3.100 millones de dólares pactados para el 9 de marzo.
Con este panorama sobre la mesa, los negociadores argentinos (en este caso el secretario de Hacienda Carlos Mosse) recibirán a los enviados de Horst Köhler dentro de aproximadamente 20 días. La duda de Economía es que nuevamente, como sucedió a fines de 2003 cuando los técnicos del FMI ya preveían que el superávit final del año pasado podría superar largamente las metas pactadas, presionen por aumentar el resultado positivo de 2004 y por mejorar la oferta a los acreedores. Los negociadores de Lavagna saben que de aparecer nuevamente estas presiones, lo que habrá será una decisión presidencial de aumentar el gasto público y volver a colocar las cifras del superávit en sintonía con las pactadas.
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