Una complicación no deseada se observa en el mercado automotor. Si se destraba la economía a partir de hoy con la flotación sucia, igualmente las terminales enfrentan problemas de actividad. Y quizá por efecto de los concesionarios que, inesperada y temporariamente, comienzan en forma singular a ser competencia de las propias fábricas.
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Ocurre que los concesionarios disponen de un alto stock -obra, inclusive, de las propias terminales que les impusieron autos-, cuyo número no está precisado pero que algunos estiman alrededor de 12 mil vehículos (unos 400 concesionarios a un promedio de 30 autos cada uno). Todo este stock, en deuda a las empresas, ha sido pesificado; por lo tanto, hoy los concesionarios pueden vender sus remanentes a precios inferiores a los que produzcan las propias fábricas (aun cuando apliquen considerables descuentos). De tal manera que la actividad deberá limitarse hasta que se liquide ese importante stock de vehículos a precio inferior antes de que las propias terminales puedan empezar a colocar productos nuevos en el mercado.
Es posible que haya, para el consumidor, una tentación sobre vehículos cuyo precio luego será más caro; pero esa demanda, por el momento, es exclusiva del stock de los concesionarios y complica a las fábricas para el futuro. Nadie habla de tiempos, pero regularizar la actividad -si todo va bien- seguramente llevará varios meses, en oposición a lo que podría ocurrir en otros sectores, cuya reactivación podría ser más inmediata. Una curiosidad entre tantos cambios económicos.
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