Antes de nacer, el intento del gobierno por acordar con Hugo Moyano un techo salarial de 20%, por dos años, aunque «revisable» cada seis meses, chocará en pocos días con un dato que sepultará ese principio de entendimiento: un gremio negocia una suba de más de 25% que, a priori, los empresarios estarían dispuestos a conceder.
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La negociación, que se maneja en estricta reserva, dispararía todos los parámetros en la discusión salarial que la presidente Cristina de Kirchner, en sintonía con Moyano, quieren encorsetar en 20% anual. Si, como se espera, aquel acuerdo se cierra, la paritaria del sector se elevaría por encima de 35%, casi el doble de lo pretendido por la Casa Rosada. Además, en los hechos, funcionaría como «piso» para las demás negociaciones.
Dos datos frescos: esta semana los docentesde CTERA pidieron 30%. El lunes, en tanto, los panaderos de Abel Frutos, aliado de Moyano, se sentarán con los empresarios para discutir sobre un rango de entre 25% y 35%. No sería ilógico que se pacte 30%.
En paralelo, avanza el pedido de SMATA, que quiere sentarse a la mesa con una cifra de 35%. Los gremios industriales difícilmente acepten acuerdos muy por debajo de esos valores. Es decir: ni los propios aliados de Moyano, en este caso José Rodríguez, son funcionales a su intento pactista.
Los gremialistas eligieron ayer la reserva para desafiar el acuerdo de 20 + 20 que buscan tejer Moyano y la Presidente.
Tienen sus motivos: la mayoría está en tratativas con los empresarios de su sector y, en todos los casos, avanzan en charlas previas que superan esa previsión.
Pero ninguno, claro, quiere anticipar sus movimientos. «Después los aprieta Moreno y dan marcha atrás», dicen. El tema fue objeto de discusión en la entrevista que mantuvieron ayer por la tarde el secretario de Industria, Fernando Fraguío, y la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA), encabezada por su presidente, Juan Carlos Lascurain. Los empresarios le dijeron al funcionario algo que éste conoce bien (hasta asumir era presidente de IVECO): los costos salariales se desbocaron, sobre todo en industrias de alto uso de mano de obra. «Se está perdiendo la rentabilidad, (no sólo por el salario; es verdad). Estamos de acuerdo en que hay que redistribuir el ingreso, pero si seguimos así no va a haber nada que redistribuir», dijo uno de los participantes del encuentro que tuvo además a Osvaldo Rial (UIPBA), Federico Nicholson (Ledesma), Adrián Kaufmann Brea ( Arcor), Roberto Domenech (COPAL) y Horacio Martínez (industria naviera).
Alimentación
La afirmación fue completada por uno de los empresarios de la alimentación presentes: «A nosotros nos están pidiendo 30% de aumento, y sabemos que cada sector tiene un problema diferente, pero todos estamos en la misma: no podemos pagar lo que nos piden». Agregó que el acuerdo propuesto «sería bueno, aun con la cláusula gatillo por inflación, porque al menos tendríamos dos años para saber a qué atenernos».
Algunas industrias, como la automotriz o la informática, ya tienen sueldos en dólares iguales o superiores a los de la convertibilidad. Esto, aducen desde esos sectores, los pone fuera de competencia para aspirar a incrementar sus exportaciones. Otros, como los empresarios del comercio, tienen base para la incredulidad: firmaron acuerdos por 15 meses con su gremio, pero a los seis meses ya tuvieron que renegociar.
La cifra propuesta por Cristina de Kirchner al cacique de los camioneros, entonces, parece irreal.
Basta un ejemplo: una automotriz extranjera ya recibió por parte del gremio ( SMATA) un pedido de aumento de 36% para este año; si los negociadores de la terminal exhiben buena «cintura», podrían llegar a cerrar en 25 a 30%, un número que quedaría muy por encima de las aspiraciones oficiales.
Lo que acentúa la incredulidad de los empresarios (al menos de todos los que sólo aceptaron hablar «off the record») es que el acuerdo ya prevé posibles actualizaciones en caso de que la inflación (incluso la «dibujada» oficial) supere las pautas fijadas en el original.
Esto, según un empresario nacional vinculado marginalmente con la UIA, resulta «muy peligroso: buena parte de la inflación que tuvimos el año pasado, que -seamos realistas-superó 20%, fue provocada por las subas salariales.No digo que toda la inflación deba ser atribuida a los mayores sueldos, pero es un hecho que los aumentos de salarios marcan una pauta para todos los demás indicadores de la economía».
En este sentido Alberto Sellaro, presidente de la Cámara Argentina del Calzado, dijo que «muchas fábricas ya no son competitivas y los márgenes están muy acotados. Las subas salariales y una inflación de 20% con un tipo de cambio fijo nos dejó sin posibilidades de exportar. Creo que nuestra industria no tiene margen para dar más aumentos, pero si hay una orden oficial habrá que otorgarlos...». Sellaro, cabe recordarlo, es la voz de uno de los sectores más favorecidos -al menos hasta ahora-por las políticas oficiales de protección a la «burguesía nacional».
Dirección correcta
Por su parte Carlos de la Vega, titular de la Cámara Argentina de Comercio, admitió que «algo había escuchado del tema, pero habrá que esperar a leer todo el acuerdo. En principio, la existencia de una cláusula 'gatillo' vinculada a la inflación parece cuestionar la duración por dos años del convenio y le haría perder razonabilidad. Igual nos parece un paso en la dirección correcta. Y si nos convocan a una mesa con la CGT y el gobierno, por supuesto que concurriremos».
Sin embargo, el dirigente no desconoce que en julio de 2007 su cámara firmó un convenio con FAECYS (el gremio de los empleados de comercio que conduce Armando Cavalieri), otorgándoles un incremento de 23%. La paritaria debía permanecer vigente hasta agosto de este año, pero fue denunciada por FAECYS en diciembre pasado, o sea apenas seis meses después de «jurarse amor» por un año y tres meses... Ya están renegociando, vale decirlo.
Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Argentina, se expresó en términos parecidos a los de De la Vega: «No podemos dar aumentos de más de 20% anual; la economía de las empresas no lo resistiría. Ojalá que la Presidente lo consiga: demostraría una gran capacidad de negociación y de comprensión de los problemas de la economía. El país no aguanta que se sigan otorgando subas salariales disparatadas».
El empresario declina hablar de su industria, pero ayer hubo reunión de Comisión Directiva de ADEFA (la cámara que agrupa a las terminales automotrices), y allí se comentó con un crudo realismo las dudas que genera la propuesta oficial a la CGT. «No va a pasar, al menos en nuestras empresas», admitió uno de los concurrentes. «Las bases cada vez menos responden a los sindicatos centrales; sería magnífico que el gobierno consiguiera de los gremios un aumento de 20% por dos años, pero en nuestra industria es casi impensable», agregó.
Informática
Otro de los sectores más complicados por las subas salariales es el de la industria informática. Ayer, una delegación de empresas estuvo con el ministro de Economía, Martín Lousteau, y hablaron no tanto de salarios sino de algo aun más preocupante: la falta de recursos humanos calificados para hacer frente a la creciente demanda, tanto interna como desde el exterior.
Miguel Calello, presidente de la CESSI -la cámara que los agrupa y uno de los participantes en la reunión con el ministro-dijo a este diario que «los aumentos que viene dando el sector no se resisten por mucho más tiempo. Las empresas tienen que salir a 'robarse' el personal calificado porque no hay suficientes profesionales y técnicos en carreras informáticas, y entonces quienes fijan todas las condiciones son ellos. Y no hablo sólo de salarios: también el tipo de tarea que hacen, compensaciones por afuera del sueldo, ambiente de trabajo... La verdad es que resulta muy difícil pensar en fijar un techo de 20% por dos años. En el negocio de la informática, al menos, no creo que suceda».