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El problema en la resolución del «corralito» es que una operación financiera tan difícil y complicada en lo económico, financiero y jurídico está siendo mal encarada por una pelea distributiva. Esto es en algún modo comprensible cuando se trata de asignar la carga de la pérdida entre los dos grupos, que deben preocupar a la política pública, como son los ahorristas y los contribuyentes. El problema se complica cuando parte de las pérdidas tienen que hacerla accionistas de bancos que ya han visto esfumarse su capital en medio de una crisis financiera sin horizonte. Y finalmente, el problema se hace demasiado complicado cuando se busca beneficiar una vez más a los poseedores de «pasivos empresarios» bajo el argumento poco convincente de que se puede reactivar dando opciones para operaciones de compra de bienes que sirvan para cancelar pasivos bancarios.
Otra vez el mismo «duende» de la pesificación asimétrica de comienzos de año distrae a la política pública de los objetivos principales. El problema es que el duende ya le hizo elegir hace rato al gobierno entre los bancos y los «pasivos empresarios» a favor de estos últimos, y ahora, en esta segunda vuelta, ha instalado en la Argentina un modelo de aniquilamiento de los bancos privados que nos está llevando, por default, hacia la banca pública.
Frente a reglas de juego en donde es imposible prever cuántas veces se va a perder el capital invertido, el gobierno invita a los bancos a integrar «equity» en un país en donde la «gobernación» de las relaciones contractuales -la quintaesencia del capitalismo moderno- ha sido arrasada. ¿De qué otro modo puede explicarse la negación del Crédit Agricole a invertir en un negocio rentable como el de prestar al sector agropecuario argentino? Rentable si no se tuviera en cuenta que los contratos (desde los términos más simples hasta la ejecución de bienes dados en garantía cuando no se paga) van a ser violados por la intervención del gobierno. Rentable si no se tuviera en cuenta que el principal competidor en ese segmento no es otro banco privado al que pueden expropiar sino el principal banco público que tiene redescuentos a gusto. Algo raro y podrido desde el punto de vista económico-institucional ocurre en un país cuando alguien no quiere explotar una mina de oro porque sabe que lo van a robar en algún lugar o momento de la operación.
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