En agosto pasado, «The Washington Post» difundió el resultado de un análisis pormenorizado del grado de independencia con que efectivamente funciona la Corte Suprema de los Estados Unidos. Lo realizó un matemático de la Facultad de Medicina de Mount Sinai, en Nueva York,
En efecto, tras analizar los votos de todos los jueces en 468 casos diferentes decididos entre 1994 y 2002, Sirovich los calificó, caso a caso, del 1 al 9. Uno, supone el mayor grado de «dependencia» o «ancla» ideológica. Nueve, en cambio, la mayor expresión de libertad decisoria: el ideal, entonces.
En promedio, la Corte Suprema de los Estados Unidos obtuvo una calificación de 4,68. Pero si no se computan los 47 casos en los que las decisiones del tribunal fueron unánimes, la calificación es, en cambio, de 6,2, lo que denota un nivel de excelencia en lo que a independencia en las decisiones se refiere, que alimenta el reconocimiento de todos.
No obstante, después del porcentaje de casos que la Corte Suprema decidió por unanimidad (el más alto, de 47%), el segundo porcentaje es el de aquellos casos en los que los votos de los jueces se dividieron 5 a 4, en los que el centro prevaleció sobre los liberales ( 9,6%), lo que demuestra que, conforme a lo esperado, la orientación ideológica de los jueces algún peso tiene. No es una alineación «automática», pero las ideologías, en alguna medida, cuentan. La prueba más evidente de esto fue quizá la decisión recaída en el caso: «Bush vs. Gore», de 2000, que permitió a
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