11 de febrero 2002 - 00:00

¿Cuánto podría costar el dólar?

En Ambito Financiero siempre hemos dicho que el «dólar económico», el que marca la real eficiencia y potencialidad de la economía de nuestro país en relación con otros como Estados Unidos -hoy aún en recesión-, puede estar entre $ 1,30 y $ 1,50, en rubros comparativos, desde ya. Ni hemos dejado de tener petróleo, ni el granizo destrozó nuestras cosechas, ni se derrumbaron los precios internacionales de los granos, ni hubo terremotos, ni dejaron de venir las ballenas en el Sur, que atraen turismo, ni hubo otros desastres naturales. Simplemente nuestra estructura económica como país fue afectada por una generación de políticos argentinos de bajísimo nivel intelectual y marcado egoísmo personal: logran sus fines personales a costa del insensato gasto del Estado por arriba de sus ingresos. No es la convertibilidad lo que precipitó esto. No es la política económica de la última década que, simplemente, prorrogó este estallido en los años '90 junto con la primera hiperinflación vendiendo empresas públicas y engañando al mundo en cuanto a que desde tal medida iba a funcionar en la Argentina una «economía seria». No la hay con un déficit total de entre 10.000 y 15.000 millones de pesos por año en las cuentas públicas, disimulado, pidiendo más y más créditos al exterior.

Hay otros males pero la madre de todos es esa actitud de desprecio de nuestros políticos frente a un manejo correcto y no deficitario de nuestra economía y recursos naturales. Quien no reconozca esto -que se refleja exactamente en la crisis terminal actual-o es beneficiado de esas demagogias, es político o «ignorante», palabra que -como dicen los brasileños- curiosamente tiene las mismas letras que «argentino».

El continuo déficit y la derivación inevitable de subsistir pidiendo prestado al exterior llevaron a una deuda pública de 130.000 millones de dólares, un cuarto de la de todos los países emergentes del mundo, como es la Argentina. Los depositantes más avispados del sistema financiero nacional comenzaron a pensar el año pasado que no se podrían pagar los vencimientos de una deuda tan elevada y caeríamos en default, tal cual ocurrió. Comenzaron a retirar depósitos. Se necesitaba una política enérgica de contención del gasto público por parte de quienes hoy gobiernan el país pero su populismo les impidió aceptar a quienes presagiaban el desastre y dar apoyo a quienes exigían ese déficit cero. Quienes retiraban dinero vieron que esta vez la Argentina no tenía ya, para prolongar su estertor, el privatizar empresas públicas porque ya lo había hecho en los años '90. Allí estalló el país, se congelaron los depósitos, llegó el default y surgió el «dólar miedo», que el viernes pasado estaba en $ 2,25, muy por encima del «dólar económico».

Ese «dólar miedo» puede subir hoy la cotización de la divisa norteamericana en una plaza libre o semilibre. El temor a que se descontrole la cotización y suba demasiado llevará a compras impostergables a importadores.

Es importante entender que desde hoy el precio del dólar libre no lo fijará la demanda en las casas de cambio de la calle San Martín, que es pequeña en el total de transacciones del día, sino lo que estén dispuestos a pagar los grandes importadores, que necesitan para su producción local insumos vitales del exterior sólo pagaderos en divisas que deben adquirir con cheques en bancos y girarlos con autorización del Banco Central. También empresas que quieran remitir ganancias o saldar préstamos financieros.

NO TENTARSE CON EL APURO


Este último caso se va a dar poco porque circula la versión de que «Clarín», si el jueves el presidente Duhalde veta la insostenible «ley Clarín», o reforma de la Ley de Quiebras, que tanto gestionó junto a José Luis Manzano, pediría que en compensación le otorgue el gobierno la «nacionalización de la deuda externa», como hizo Domingo Cavallo desde el Banco Central cuando en 1981 lo presidía durante el gobierno militar del Proceso y era ministro de Economía José María Dagnino Pastore. En aquella época tal medida fue grave porque ayudó a elevar la deuda externa y colaboró mucho en la crisis actual. Pero disponerla ahora -tampoco lo permitiría el exterior porque puede llegar a cobrarles a empresas privadas pero no a un gobierno defaulteado- sería un desastre insuperable por varias generaciones de argentinos. No obstante, lo alocado de la versión puede restar alguna demanda de divisas hoy.

El público que cobra desde la fecha la totalidad de su sueldo puede optar por el peligroso juego de gastar una parte en pagos impostergables y otra llevarla a dólares, vendiéndolos hacia fines de mes pero bajo el supuesto de que la cotización seguirá en aumento y le dará una diferencia a su favor. Es peligroso porque si le sacamos el «miedo», el apuro de compras, por caso de importadores, la verdadera cotización del dólar tendría que estar por debajo de $ 2.

También es posible que, tentados por un alza, los exportadores liquiden alrededor de 700 millones de dólares que tienen retenidos a la espera, precisamente, de una suba de la paridad (y que el gobierno les reconozca 200 millones de dólares más, como hizo el jueves pasado, de un monto pendiente de pago del Estado). Por eso nunca liquidaron al precio «oficial» de $ 1,40. Una oferta abundante de dólares de exportadores puede desalentar la suba. Y, obviamente, también la puede desalentar el Banco Central con dos tácticas.

Una es ir vendiendo de a poco para frenar cualquier alza del dólar demasiado brusca que se produjera desde hoy. La otra es dejar que sea exagerada la suba -por ejemplo acercándose, si ocurriera, a $ 3- y allí sí inundar de dólares la plaza produciendo una brusca caída en el precio como castigo a quienes compraron especulativamente, que quedarían «colgados» más arriba con el precio que pagaron.

Hay que tener en cuenta que más temprano o más tarde esta táctica de «castigo» provocando una brusca baja la va a aplicar el Central. Debe tenerlo en cuenta el inversor. Un dólar alto crea inflación. Una inflación casi siempre es el castigo final de todo gobierno populista, como le pasó a Raúl Alfonsín en 1989. Por eso será muy fuerte la lucha de este gobierno contra el alza del dólar, gastando las reservas.

Aunque lo haga, irá consumiendo dólares hacia una dolarización de hecho. En la mentalidad populista de los socios de Duhalde, sobre todo Raúl Alfonsín, llegar a la dolarización por una razón inevitable de ir tomando pesos y más pesos a cambio de dólares -en definitiva eso es dolarizar- a haberlo decidido voluntariamente desde el gobierno es algo que hiere sus viejas creencias de que un peso desprestigiado representa la «soberanía nacional».

A esta altura del gobierno Duhalde -40 días- es coincidencia casi unánime de que haber encarado el camino de la «dolarización» en lugar de la «pesificación», frente a la actual crisis, hubiera traído muchos menos problemas. Entre otros, no existirían los cacerolazos de gente no politizada por tener sus fondos aprisionados en el «corralito». Aunque se los retuvieran pero mientras fuera en dólares la preocupación sería mucho, muchísimo, menor.

Pero, ¿alguien imagina una conjura bonaerense de Duhalde, Alfonsín, la izquierda del Frepaso representada por Aníbal Ibarra y los regaladores de puestos públicos «Fredi» Storani, Leopoldo Moreau, para apoderarse del poder e implantar como plan económico la dolarización cuando odian a Estados Unidos?

TRASTORNOS PARA EL BCRA


No lo aceptarían voluntariamente y menos desde el inicio. Quizá se resignaran si la gente se lo impone persistiendo en comprar dólares. Dolarizar ahora es mucho más difícil que hace 40 días o hace 4 meses porque, además de menos divisas disponibles en el Banco Central, habría que voltear toda la enorme estructura de leyes, decretos, resoluciones y circulares que va acumulando la pesificación.

Hay que tener en cuenta también que a largo plazo, varios meses por lo menos, un Banco Central peleando día a día por vencer el alza de una divisa termina afectándose si no crea otras expectativas que lo ayuden. Pero no en el corto plazo si tiene divisas para jugar fuerte.

Encerrados los fondos de depósitos en el «corralito», nuestro Banco Central tendría capacidad de comprar no menos de 42.000 millones de pesos y pasar los $ 50.000 millones si en un apuro se apoderara de otras reservas en los bancos. Cuidado entonces con este peligroso juego de la flotación de la divisa si la enfrenta el público con afán especulativo. Reflexionemos que si el Banco Central fuera a permitir, más allá de algunos momentos circunstanciales, una paridad muy por encima de $ 2 tendría enormes trastornos internos. Por ejemplo, los exportadores preferirían el mercado externo por tan alto rendimiento y ese precio de venta al exterior lo aplicarían a lo interno con un formidable aumento surgido de una disparada del dólar. Pero si esto ocurriera acarrearía a todos los precios internos, vendría la protesta social incrementada, aparecerían los reclamos de aumentos salariales y nos estaríamos acercando a la hiperinflación, algo que por lo menos el alfonsinismo conoce bien y el duhaldismo de oído.

Finalmente decimos: si se llegara a un acuerdo de ayuda con el Fondo Monetario se modificará y quizá bruscamente el mercado cambiario argentino. Es difícil el acuerdo mientras el gobierno Duhalde no quiera abandonar el populismo, por ser su mal arraigado y por temor de perder a sus aliados políticos, como los nombrados Federico Storani, Leopoldo Moreau, Alfonsín y otros del radicalismo estatista más el Frepaso y la izquierda, que lo tienen aprisionado. Más al ver que los gobernadores justicialistas nunca lo quisieron y ahora algunos empiezan a revelársele, como José Manuel de la Sota el de Córdoba. Pero si viniera un giro y llegara un acuerdo de ayuda caería la cotización. No olvidarlo.

Si el viaje de Remes Lenicov hoy a Washington, con menos de la mitad de lo que exige el Fondo Monetario para comprometer ayuda, fracasara, la suba del dólar sería fuerte.

Resumen final: apostar a comprar dólares hoy en absoluto significa que automáticamente se comenzará a ganar porque seguiría el alza. Es un juego, una apuesta financiera, y puede suceder también que se pierda dinero.

En el menemismo había corrupciones puntuales pero no generales en un mercado libre, y por tanto transparente. Ahora, en un mercado cerrado, la corrupción puede centuplicarse. Sólo dos hombres, el presidente del Banco Central, Mario Blejer, y el ministro de Economía, Remes Lenicov, deben saber cuándo y a qué precio deberá intervenir el Banco Central para hacer bajar el mercado de divisas. Pero eso en la teoría. ¿Se le negaría el dato al presidente de la Nación si lo exige? ¿Se lo negaría éste a su esposa y a amigos? ¿Y los que escuchan los teléfonos de Remes Lenicov y Blejer comunicándose? ¿Y el tiempo que pasa desde que Blejer con honradez da la orden de venta y comienzan a ejecutarla?

Centenares de operaciones pueden estar concertadas y pendientes de una orden de concretar que puede sobrevenir cuando se tenga el dato de que «interviene el Banco Central» y, por ejemplo, hace caer una cotización de $ 2,40 a $ 1,80. ¿Y cómo sabe el público o el importador que le ordenó «comprar» al banco al precio que le cerraron la operación, antes o después que interviniera el Banco Central para bajarla? Y la casa de cambio, ¿cuándo le deja de vender al público a $ 2,40 aunque ya sabe que interviene el Banco Central y que caerá?

El drama del estatismo, el dirigismo, el populismo, las ideas cerradas de Alfonsín y otros radicales es que matan la libertad de los mercados, a los que odian. Pero también matan la transparencia, la limpieza de miles de personas operando por su cuenta al mismo tiempo y generan así la posibilidad de una monstruosa corrupción al alcance de la mano y de la tentación de gran cantidad de funcionarios.

El precio real del dólar libre estará dentro de 45 días, cuando haya finalizado el diálogo con el Fondo Monetario. Más parecido al final dentro de 10 días. Hoy puede ser un precio casquivano. Si es inversor o importador, tenga cuidado.

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