13 de noviembre 2000 - 00:00

Cupones bursátiles

Por una buena noticia, racional, coherente, que pueda leerse y que incentive el tener fe para una salida del callejón en que estamos: no menos de cinco, seis, diez se oponen febrilmente a creer en eso. Y de todo tipo, ante la pasividad absoluta de quienes reciben la nueva, como la alarmante naturalidad con que la anuncian los responsables. Caso del jueves: que la provincia de Mendoza «incentivará los juegos de azar para duplicar la recaudación...». Si no se enteró, le contamos brevemente que los funcionarios-genio que pululan por toda la Nación, no hallaron mejor modo de «producir» y de dar bellos ejemplos a la población que está en formación -los jóvenes-que propagar por todo el territorio máquinas tragamonedas, bingos, lotería modificada, y con un argumento defendiendo la escabrosa idea, que se sintetizó en «el Estado no tiene como misión incentivar el juego, sino simplemente traer dinero del circuito particular o ilegal, al circuito oficial...». Veamos dos falacias en una, o tres, en tan breves párrafos de un subsecretario de Finanzas (gran honor le hace al cargo) del que no vale mencionar el nombre. Reconoce que no es misión del Estado incentivar el juego: ¡pero es, justamente, lo que dicen que van a hacer! Y dice que mediante este plan traerá dinero del juego ilegal al oficial. ¿No se le ocurrió que al circuito ilegal se lo combate con servicios policiales honestos y drásticas acciones? No, lo que se hace es generarle «competencia» al juego clan-destino: difundiendo la cultura del juego entre los habitantes, con lo cual forman nuevos clientes de los ilegales. Si uno recuerda qué opciones se tenían en el juego de azar, hasta unos veinte años atrás, digamos desde la creación del Prode en adelante, y se ve lo que hay ahora en vidrieras: es otro punto alarmante de nuestra decadencia y sabotaje a la formación del ciudadano. Pero, Nación y provincias siguen ideando juegos, multiplicando tentaciones, colocando la zanahoria de la fortuna fácil y haciendo que jueguen -en gene-ral-los que no pueden, los más necesitados. Lo peor es que no se lo vende como un mal necesario, un perjuicio inevitable, sino como todo un aparente logro de gobernantes. Pobre país.

Usted dirá, se apartan de lo bursátil: no, porque esto y muchas otras cosas más, van sobre lo que se puede esperar de nuestro futuro económico y social, y después se recicla en el camino que se recorra y otorga ocasión a la inversión en activos empresarios. Pero, si el gran paraguas está lleno de agujeros, todo lo que esté debajo -como una Bolsa-no tiene chance alguna. Y si ejemplos como éstos son los que irán a formar a los ciudadanos, que tienen que seguir en la posta, el futuro no puede imaginarse mejor que el presente. ¿O se irá a creer que una crisis, una debacle, como la actual, es fruto de un problema financiero, o de un par de años de equivocaciones? Todo se cae por los cimientos.

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