¡Qué difícil se sigue haciendo todo!, cuando invertir en una alternativa de riesgo toma la fisonomía del azar más puro y llano. Ya sin siquiera tener una certeza sobre qué reacción habrá de aguardarse de anuncios que se realicen en el área económica, ni aunque los difunda el propio presidente de la Nación por cadena nacional. Lastimoso resultaba leer títulos de diarios del sábado, donde se mencionaba como «día clave» al siguiente, en función de si a esas medidas les correspondería un pulgar hacia arriba... o hacía abajo. De aquellos donde al cristiano se lo comía el león, o lograba salir de esa instancia para tener una nueva oportunidad (aunque, de última, siempre terminaba en la boca de un león, sólo en cuestión de tiempo.) Poco menos que así se puede sentir un poseedor de cartera accionaria de nuestro medio, que entre el viernes positivo -pero sumamente cauteloso-de la plaza bursátil, y ese fin de semana de los anuncios, se veía venir la jornada de un lunes que iba a tener hasta el marco de un paro general, después disuelto a último momento. En tanto trataba de esconderse en la maratón de fútbol de los sábados y domingos, pero le quedaba tronchada por el agua, debía observar una y otra vez los terribles sucesos de Salta: tan peligrosos e increíbles, como para poner los pelos de punta al reconocer que tales hechos eran de nuestro país.
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Todo en la coctelera, y prepararse para salir y cruzar los dedos-qué otra cosa cabíapara ver si más allá de los «marketineros» apoyos de Clinton y Aznar, el monstruo llamado «Mercado» se dignaría dar respaldo a lo que se había difundido. Se hace difícil, cada vez más difícil, pretender que el número de un balance con mejores cifras pueda resultar imán para comprar papeles argentinos. Que por el famoso verso del «ya bajaron mucho», se produzca una corriente continua-da para dar vuelta la tendencia de fondo.
Al momento de escribir estos cupones, no sabemos qué ha sucedido con la rueda del lunes: aquella que sonaba al «Día D» de la Segunda Guerra, y si desembarcaban los toros o los osos al campo del recinto de Buenos Aires. Unos y otros, los que hubieren acertado con su decisión y la dirección de la plaza, seguramente terminarían ufanándose de haber sabido intuir la reacción. Y cada uno sabría, por lo bajo, que no pasaba de ser eso... un acierto y nada más. Porque el martes podía haber otra novedad, y una más el miércoles, tres el jueves, y así cada día de cada semana. Podía llegar a entreverse, porque hay que agregar siempre el pensamiento malicioso para operar en nuestro medio, que la posibilidad de un respaldo extra --cuasi oficial-concertado, acaso iría hacia la protección de la reacción en los paneles de ese lunes. Al menos, muchas otras veces se tuvo tal seguridad cuando la plaza funcionó de un modo más que extraño, con órdenes dirigidas, vendedores quietos, buscando que el termómetro obrara en positivo. Pero, ya nada es seguro, y el lunes se presentaba desde los umbrales de un domingo atípico... como el de un bolillero donde se juega al todo o nada.