18 de enero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

No nos vamos a ir de paseo con preguntas que no sean del tema bursátil, en este enero tan candente y de no muy sencilla explicación. El sueño de una noche de verano, hecho realizado en no más de diez ruedas donde se subió casi el porcentual que se bajó en todo 2000. Con prescindencia de lo que haya sucedido después, a partir de este lunes con el feriado en Wall Street y que ponía cierta prueba de fuego por la resta de volumen, el tema es para cualquier tiempo, época o tendencia. Y es esa concentración de papeles que resulta anti-Bolsa, quiebra el espíritu principal para que un mercado actúe con síntomas normales. Por caso, con estos años buenos, le comentamos días atrás que en España se había llegado a unos ocho millones de familias que tenían acciones en estos tiempos. El cielo había generado la lógica onda expansiva y puso títulos de modo atomizado entre la población. Recordemos que se hablaba allí de 35% de los capitales en poder de inversores individuales, más allá de los Fondos.

Aquí, y cualquier sondeo debería dar por el estilo, se puede estimar que un porcentual está en poder de los grupos de control; otra porción grande, en manos de carteras locales de Fondos Comunes o Fondos Pensión y una tercera, en carteras comunes del exterior. La mínima expresión sobrante, en manos de José o de Pedro.

Ahora, sabemos que hubo presión expuesta del Estado porque los Fondos Pensión le toman sus títulos de modo compulsivo. Que las entidades juntan efectivo para ello y se encuentran con mes de enero con estas alzas en acciones. El riesgo de que salgan a convertir en liquidez las posiciones privadas, especialmente si hay un volumen razonable y constante, puede dar esos riesgosos «golpes de mercado» que comienzan por atacar a las líderes principales y después voltean al resto, por extensión.


Desde el exterior, lo que se sigue leyendo es que hay serias dudas sobre el crecimiento argentino, así como en su situación política (ciertas recalificaciones sobre títulos privados, lo certifican). También desde allí se encuentran con una suba de 20% en diez días. La exposición al riesgo se multiplica por esta vía, donde la alta concentración hace que si algún «acreedor» fuerte del mercado decide desertar, todo se puede ir al diablo.Y he aquí la que resulta la peor secuela de años y años de depresiones y de desarme de la raíz popular: estar en manos «de cuatro manos», que pueden mover la pelota a gusto y placer y sin que haya una base individual del otro lado asimilando papeles. «Entre vivos no hay negocio», dice el refrán, y cuando el juego es profesional, frío, sin emociones, el tablero bursátil resulta implacable. Es la espada que pende sobre este brillante inicio de año.

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