18 de abril 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

La semana comenzó con la puja Cavallo vs. Especuladores, una especie de match que propuso el audaz funcionario ni bien asumiera. Para no irritar demasiado, personalizó en especuladores brasileños la cuestión y no haciendo ninguna mención al mercado local, que lo hubiera dejado en posición poco cómoda. Pero, lo que no resulta muy conducente es verlo envuelto en tal desafío, cuando el está a bordo de un barco que viene haciendo agua de manera profusa y que está expuesto a cualquier ataque más o menos denso -ni siquiera es preciso uno a fondo-de un cartel internacional que no tiene patria, ni escrúpulos, y que ha demostrado -con Asia, con Rusia, con Brasil, o con Turquía- que lo pueden poner de espaldas de un soplo. En el pasado argentino y hay muchos casos en la historia económica de brabuconadas que terminaron mal y le costaron a más de uno llevar la cruz de por vida por alguna frase de ese tipo. Desde aquello de «el que apuesta al dólar, pierde», pasando por «les voy a dar un sogazo» (Machinea en el plan Primavera) esos desafíos terminaron en un duelo de fácil pronóstico. Sin embargo, nadie parece poder detener al ministro en sus alusiones a «los que van a perder mucho» y cosas por el estilo. El lunes, explicando qué es «el mercado», haciendo una caricatura de operadores de mesa.

Es muy atrevido agrandarse mientras se está en el lado desfavorable de la mesa, cuando precisa que le dan tiempo y no le bajen el pulgar. Si responde a una estrategia, no podría entenderse cuál de las positivas, pero hay zonas obsesivas en esta personalidad que lo llevan a plantear desafíos: pero con el país como garante.

La otra desesperación, que tomó como eje central de estos momentos, es darse el gusto del mix de monedas y explicar, hasta dos o tres veces por día, el sistema: en tanto, la sensación general no obra en esa dirección, y el resultado fue un arranque de semana con una Bolsa en tren de parálisis, como si todos los agentes del recinto de Buenos Aires tuvieran la cara de Gallego cuando le empataron el partido. Una semana con $ 7 millones de efectivo (no ocho, ni siquiera ocho, como mal difundió el sistema y repitieron los medios) resultó una de las encuestas de la vida real, con total desorientación para poder operar sobre títulos argentinos y puestos todos en una vorágines que pocos entienden.

Entre convertibilidad y desafío a gente pesada, Cavallo también dejó entendido qué entiende por «autarquías» (por eso se engulló en su momento la de la Comisión de Valores) y apoyó al actual Banco Central: claro, en la medida que realice lo que quiere Economía. Su estrenada afinidad con Pou tampoco la creyó nadie, completando un menú de difícil asimilación. Y se vio en la práctica.---

Dejá tu comentario

Te puede interesar