Cuando ha visto balances de estos años continuamente, y de las principales sociedades cotizantes en Bolsa, pudo advertir fácilmente que una de las salidas a los ahogos que primero se intentaban -por ejemplo, ante una crisis de afuera, o complicación con el flujo y costo del crédito-era: pasar pasivo corto, a largo. Sacar la cabeza del agua, lo que no era salir del agua, oxigenar la empresa para sacudirse de encima la erogación financiera perentoria y volver a tener una respuesta de liquidez inmediata para atender los compromisos a un año. Esto era una bocanada, no un salvavidas, ni un bote viniendo al rescate. Ganar tiempo, evitar el ahogo financiero total. La historia siguió de modo muy variado, muchas ganaron un tiempo y terminaron mal del todo. Otras, están hoy viendo de repuntar para esperar lo que se viene cuando los plazos del largo se van acercando con todo el paquete. Y pocas, las menos, encontraron una mejora estructural para equilibrarse. Con el «blindaje» famoso se había creado una expectativa formidable, inicial, como si el país -realmente-hubiera hallado un blindaje. Después se comenzó a advertir que era de madera balsa, que era ganar tiempo y el tiempo se utilizaba mal. Ahora cambia la terminología, se entra en la «reprogramación de deuda» y generó una suerte de entusiasmo dentro del hábitat financiero.
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Los bancos, que se muestran tan «generosos», seguramente prefieren agregar papeles a lo lejos -con una garantía, al menos nominal-que tener que castigar sus carteras inmediatas con la enorme baja de bonos argentinos. Una bocanada de oxígeno, donde ponen la boca todos. Pero, así como en una empresa no se arreglan las cuestiones principales por pasar parte de pasivo corto a largo, los terribles males que acechan a todos siguen allí. Alguna vez hablamos de «clonar consumidores», la célula que parece más pequeña, pero la esencial para que la rueda se ponga a rodar. Y no hay quien ponga dinero en manos de esos consumidores, que cada vez son menos, y los que quedan cada vez tienen menos para consumir. El enfoque financiero sobre la evaluación de una empresa, puede llevar a trágicas conclusiones al operador que no vaya a mirar la raíz del problema que la aqueja. Y si se precisaba algún golpe de efecto, para equilibrar tantas malas, el tema de la reprogramación apareció en el agua como un tronco de donde asirse. No más que eso, durar un poco más sin hundirse. No habilita a euforias, salvo las artificiales, como en el «blindaje»: quizás aparezca un enero, o cosa parecida, en tal caso: aprovecharlo.
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