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Estamos con la vieja Olivetti, Lettera 32, instrumento noble que ha visto pasar muchas carillas, muchas políticas, muchos gobiernos, y hasta la máquina se traba en sus teclas, que quieren imprimir juntas y se enciman. O somos nosotros, mientras escuchamos la excelente cobertura de un canal de cable -sacando a todos los políticos referentes-a casi las dos de la mañana ya del lunes 31, que encimamos los dedos nerviosamente al oír todos los arpegios y la escala musical completa, según el personaje que aparezca en el teléfono. Los políticos hablando desde atrás de un sillón, una triste imagen interior de la Casa de Gobierno y desde donde el melancólico cronista informaba que solamente quedaba algún personal de prensa, pero que se iba también. El vacío total, literal, nadie apareciendo para ocupar el vacío político y todos opinando con un libreto cada uno.
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