26 de febrero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Cabe preguntarse cómo es que en el principal mercado bursátil del mundo, en aquello que constituye una referencia de crecimientos y prosperidades, se vienen a tragar la galletita amarga del caso Enron. Aprovecharon de inmediato los europeos, en especial los tradicionales enemigos de los yanquis -los franceses-para lanzar a los cuatro vientos, todo tipo de críticas a la falta de regulaciones. Y lo peor, es que resulta un asunto indefendible para la ubicación histórica en que se lo concibe. Podría entenderse, y ubicado -por caso-en la gran «burbuja» de los sucesos de la debacle de 1929. Escasa tecnología, reglamentos laxos y plena creencia en la libertad absoluta en los mercados. Posibilidades de enormes estafas, apalancadas con el máximo descaro y la búsqueda de la pesca de multitud de «pececillos» -tal los llamaba Livermore-, a quienes siempre se les dejaban en las manos, las acciones que estaban de vuelta. Hoy día, resulta casi inconcebible que un buque de semejante calado -como Enron-y donde había tantas personas muy poderosas directamente conectadas, haya podido gestarse. A partir de esto, tiene que quedar una muesca muy grande -la primera del nuevo milenio-para vitrinas de Wall Street que están pobladas de desvíos y defraudaciones, a lo largo de su historial. Se dirá, la diferencia es que allá se cometen graves delitos, pero tienen graves sanciones: diremos, cierto es. Y esto seguramente volverá a probarse, con directivos de esta sociedad. Pero, los yanquis ya tampoco son los mismos (aquellos estafadores que forjaron los «bonos basura», mucho antes de cumplir la condena quedaron libres). Y habrá que ver si descubren todo el entramado, con los verdaderos responsables, que promete un escándalo político monumental en EE.UU.

Y así como cabe admitir aquello del castigo, al que se lo encuentra en el desvío: lo que merece criticarse es la falta de anticipación, las válvulas de seguridad, que siguen siendo tan vulnerables como hace siglos. Aquí, con los problemas terribles y diarios que tenemos, seguramente que esto de la Enron solamente se tocó en los medios, como una «nota de color» del exterior. Y se alimentó de simples cables de agencias. No nos llega el horror que se ha generado, del que da muestras una apreciación del economista Paul Krugman y diciendo que lo de la Enron, y no el caso del atentado sobre las torres, «figurará en el futuro como el principal viraje histórico de este siglo». Un macanazo, que desparrama también esquirlas por todos los mercados del mundo.

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