Cuando se aparta más y más de los límites razonables, todo se convierte en el gran chiquero -perdón, a los porcinos-donde nos revolcamos actualmente. Ejemplos hay a montones, de todos los tamaños, pero conviene tomar siempre los que son puntuales, prácticos, y que se enlazan con muchos años del pasado. Y es para decir con esto, que aquello que les está sucediendo a los Fondos Pensión -que arrastra a miles y miles de aportantes-es el simple efecto de un montón de causales que se fueron acumulando y de las que dimos, en varios casos, opiniones críticas directas. Esta columna, acaso como ninguna otra en los medios, advirtió que la creación de las entidades (cuando se las quería vender, también, como «salvadoras» del sistema bursátil) era el último elemento que el Estado lanzaba al ruedo, para financiarse compulsivamente. Esto es: para colocarles a todo ritmo, a los capitales formados por los ciudadanos que pasaban de sistema, todo tipo de bono público que individualmente esos mismos ciudadanos aportantes -seguramente-no tomarían, ni ebrios. Los escritos al respecto, en su debido momento, figuran en la colección de este diario (por si hay dudas). Con lo cual, se inició un recorrido que periódicamente mereció nuestros apuntes en contrario y que -como aquello-fueron confirmando los temores expresados. En la última zona, la de Cavallo, la situación ya se tornó vergonzante y aparecía a diario una suerte de «transa», donde el frenético ministro amenazaba con revisarles las comisiones a las administradoras, si éstas no le tomaban esos papeles pintados que continuaba emitiendo. Lo más fantástico resultó ese empapelarse a una tasa ridícula, para un país que estaba al borde del abismo y cuando ya no existía ningún crédito externo. Aquí, Cavallo adornó a las carteras comunes con verdaderos «bonos basura» y que, posteriormente, quedaron colgados del aire. Y, con ellos, los patrimonios y aportes.
Días atrás, leíamos en Ambito que: «AFJP reclaman 100 millones de dólares del 'corralito'». Tarde, el malhumor que dicen manifestar, la aparente oposición actual no condice con un historial donde se fueron consintiendo avasallamientos de los gobiernos sobre dineros privados, que --además-eran de terceros y no de las entidades involucradas. En esto ahora reclamado existió otra negociación bajo cuerda, al margen de disposiciones, eludiendo normas y falseando las cosas. Porque como no podían ya comprar más bonos: hicieron un plazo fijo para que el Banco Nación invirtiera en LETES y le pasara, nuevamente, dinero comunitario al Estado. Obviamente, ahora olímpicamente -porque se han acostumbrado a defraudar a todos-un funcionario dijo que no se pagaría el plazo fijo y que ya se estaba redactando la disposición para pesificarles lo aportado. Finalmente, perderán los adherentes a las carteras. Que también es costumbre.
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