17 de junio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«Queremos democracia en la región... pero, que no gane Lula.» Es el modo de pensar y de encarar aquella bella idea del pueblo que gobierna, del pueblo que elige, de la voluntad popular y todo eso. Nuestro viejo zorrino, George Soros, que deja su olor por donde pasa y toca, acaba de hacer su aparición por costas brasileñas y dijo aquello de arriba, si bien no de un modo tan directo, porque -además, la falsedad de procederes los lleva a llenarse la boca de democracia, mientras afirman... «que no gane Lula». A partir de esto, y típico de cuando los buitres se hacen presentes, Brasil comenzó a tener convulsiones graves que lo han posicionado en la segunda ronda del Mundial de Fútbol al mismo tiempo que está tercero en riesgo-país. El dólar se les está yendo arriba y tiene que existir esa clara intromisión en sus mercados de personajes y entidades que quieren torcer el camino de la historia. Y ya, otras veces, lo han logrado. Lo interno es muy delicado, quizás estamos ya aburridos de hablar siempre de los mismos temas, pero lo de Brasil cobra nivel de primera plana para cualquier inversor de la región. Es muy grande el vecino y nos puede hacer mucho daño si se resquebraja, o lo resquebrajan, y está en danza la posibilidad de nuestras ventas y del propio Mercosur que, si se agrega a Uruguay, lo tenemos casi como virtual.

La conclusión es que todo va empeorando, por más que se quiera levantar el ánimo con la llegada del Fondo. Decíamos que parece una «patrulla» enviada a territorio indio, para que incursione sin comprometerse, e informe...


En tanto, la decisión sobre los bancos que es muy sencillo de expresar, pero habrá que ver qué sucede con la realidad práctica y si la sociedad, ya harta del nivel de desempleo y de actos fallidos, asimilará la cuestión de ese derrumbe en cadena. Pero, tomando semejante decisión, al unísono el ministro de Economía está en plena batalla con el Banco Central. Una especie de Batistuta y Crespo, que por más que se haya hablado nunca juegan juntos, y que dan la imagen de peleas en las cúpulas esenciales de un país que ve temblando sus cimientos. ¿Qué veremos, una sociedad de ahorristas en el centro, aumentando su número con ex empleados de bancos?...


Mientras se envían mensajes indirectos, de no dar aumento de tarifas hasta que el Fondo no afloje, la Argentina acaba de demostrar que atraviesa la zona más terrible de su historial y que ya no gana, ni donde es un líder indiscutido.
El dato curioso: los legisladores del PJ aplaudieron cuando Lavagna se opuso a que le den cobertura especial a directores del Central, pero se aferran a todos sus privilegios por encima del ciudadano común, arrogándose alguna divinidad que la gente no les da. Nos acordamos: «Los países educados superficialmente son ingobernables».

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