22 de julio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Cómo encontrar un paralelo entre el ruidoso caso de arte, del Rubens, con nuestro asunto de las acciones?... Pues, que ha dado para pensar el hecho de haber sido adquirida la obra de referencia -"La masacre de los inocentes"- en unos 77 millones de dólares. Y el haberse sabido quién había sido el comprador, después de una puja que concentró a varios pesos pesado individuales e institucionales -como el Museo Getty- y cuando uno de ellos, el perdedor inmediato, reveló de quién se trataba. Vale quedarse en este punto, que hace a las reglas éticas en el ambiente tan particular del arte como mercadería transable, porque resulta que una norma de la casa subastadora Sotheby's asegura no revelar la identidad del comprador, hasta quince años de la subasta. Pero, un coleccionista yanqui rompió toda ética y develó que el hijo de un multimillonario canadiense la adquirió para regalársela a su padre, coleccionista.

La disquisición que se ensayó a partir de esto, es que esa obra estuvo colgada durante muchos años en un monasterio y como se la pensaba como de autoría de un pintor de segundo nivel cualquiera la veía y la podía admirar. Por supuesto, al reconocerse que era de Rubens, esa misma tela adquirió un fulgor fantástico, se la custodió más que al platino y se la llevó a remate. A partir de ello, según infiere "The Times", la humanidad pierde la posibilidad de visitarla y admirarla, porque solamente una persona en el mundo tendrá derecho a hacerlo: el padre multimillonario, que recibirá el regalo. Mientras no tuvo precio, no alcanzaba cotización, resultaba obra abierta a todo visitante del monasterio, de modo gratuito, además. De haberla adquirido un museo, seguramente que esto se hubiera seguido cumpliendo: con la obra al alcance de todos. Y se dice que no existe estadística acerca de cuántas obras famosas han pasado a colecciones privadas, de modo anónimo. Todo un asunto, para verlo desde todos los ángulos posibles. ¿Y si se las declara patrimonio de la humanidad, únicamente comprables por los museos, o personas que la dejen en exhibición? ¿Iría esto contra el mentado «derecho de propiedad»? Para polemizar.

Pues, como suele ocurrir en el mercado bursátil, con acciones que resultarían sumamente importantes para estar difundidas entre la gente, ampliando también su base de accionistas, pero que están acorraladas en casi todo el capital dentro del grupo de control. Y, aún así, aparecen como «cotizantes»: cuando, en realidad, ocupan un lugar y pagan ciertos cargos administrativos, pero solamente para extraer algunas ventajas de estar «cotizando en Bolsa» (cuando había crédito, y bancos, abría puertas el mostrar esa chapa de estar listada). La misma pregunta: ¿avasalla derechos imponer que toda cotizante deba dispersar una buena proporción del capital, para que la haga apta para formar mercado de manera fluida? De lo contrario, la que quiera evadirse del juego de Bolsa, que se retire de la oferta. (Por ahora, ni cuadro ni acción, todo puede acapararse.)

Dejá tu comentario

Te puede interesar