Titular como «notables» a estos personajes enviados por el FMI, es como epigrafiar a Jack -«el destripador»- como un certero cirujano. Van a llegar ahora encumbrados funcionarios, ya posponiendo el viaje por el incendio que tienen en sus dominios, y que también dejarán algunas sugerencias, otras órdenes, impondrán supuestas normas transparentes y sanas para nuestra economía. Y se volverán para ver qué es lo que les explota en la cara en una Wall Street, y aledaños, que está presenciando la zona más vergonzosa de todo su historial. Porque, quien tenga más o menos presente el trayecto de auges y desastres, que ha sido la norma en el especialista mercado rector del Norte, deberá consignar que soportar tal tipo de estafas y desvíos en la entrada del tercer milenio, con todo tipo de tecnología y control sobre los intervinientes, es mucho menos perdonable que en épocas donde -al menos- hasta las estafas -y los estafadores- eran más educados y románticos ¿Con qué cara se convierten de maestros del crimen económico, en salvaguardias de otras sociedades? Solamente en esa particular forma de volver a montar los espectáculos, después de cualquier desastre, con total naturalidad: se puede explicar que haya que oír sus sermones y consejos, con las orejas gachas. Si para meter la pata, nuestros gobernantes nunca precisan ayuda mientras tengan tres elementos: A) Asesores expertos en guiar hacia el abismo. B) Papel para poder escribir. C) Ganas de enunciar un decreto. El siguiente paso es que las cúpulas de las distintas Cámaras del Congreso se vayan a almorzar a Olivos, para asegurarse de que no vendrá ninguna avanzada en contrario de lo que dice el Ejecutivo. Tenemos por delante nubarrones serios, en virtud de lo consagrado sobre los «amparos», mientras la misión «notable» se tomó -oportunamente- la nave de vuelta... Días atrás, volvían a unirse los extremos de una figura que no cierra: porque se le dibujó expresamente abierta y nadie intenta poner en claro las situaciones. En la fecha del miércoles aparecía Nito Artaza, mucho más ofuscado que otras veces donde destilaba serenidad, por el tapón a los retiros de depósitos. Pero, también deambulaban por el centro deudores de escribanías, que solicitaban pagar lo adeudado, pesificado y sin ningún tipo de corrección. ¿Cómo puede armonizar esto? De ningún modo. El que actúa en la doble función (de deudor y de ahorrista) puede llegar a realizar el gran negocio de su vida: pagar el crédito en moneda mala, sin indexar, o hasta utilizando bonos a mucho menor valor del nominal.Y, a la vez, llegar a recibir sus depósitos en la moneda pactada, o con intereses. Este absurdo, solamente es concebible en una sociedad donde el instinto de conservación haya despertado las peores agresiones, en función de lo propio. Una bolsa de jueces, abogados, banqueros, ahorristas, deudores, gobierno: sin remedio.
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