5 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay que leer un poco más. Antes de realizar comparaciones volviendo a la historia «de ojito», hay que cotejar causales de los famosos «crac» que hubo en las Bolsas a lo largo de su campaña. Y para nada se puede dar por parientes a lo que sucediera en 1929 con los desgraciados casos actuales. Y es muy sencilla la diferencia, en lo sustancial, en los llamados «locos años '20" los muchachos la vivieron con todo, tiraron manteca al techo, se la pasaban entre «charleston» y champagne. Total, se había inventado el modo de hacerse millonario: y el que no lo quería ver, era un tonto de aquellos. Esto, que parece broma, fue literalmente cierto en palabras de un reputado personaje de esa época que difundía su fórmula para que todo el metal fuera oro, a partir de comprar acciones en la Bolsa. Fue una fiesta, una borrachera, un narcotizarse los cerebros y ver a la codicia humana a todo galope, queriendo más y más... hasta reventar el saco. En tal caso, un paralelismo cierto con el famoso Amsterdam de «los bulbos de tulipán»: sólo cambiaba el activo a cotizar y ofertarse. Antes, tulipanes; luego, acciones. Pero, el principio del desenfreno de los participantes, de la población, fue el causante del desastre... Punto y aparte.

Lo que se ha visto ahora en Wall Street, con un sistema que había conseguido ordenar el ciclo por más de una década y arribar a todas las metas propuestas, con la Fed aflojando o contrayendo el flujo de dinero. Aceitando o restringiendo, encolumnando a los cientos de miles de familias que se iban pasando de ahorros de renta fija a acciones: pero, con el criterio de otra renta, no de querer jugar el difícil juego del entrar y salir de la Bolsa.


Pues, lo que se ha visto no es a gente enloquecida saliendo a vender porque sí. Ni a caucionarse, o pedir para seguir apostando. No. Aquí se ha visto un elenco de primeras figuras, de la principal economía del mundo: estafando del modo más vil todas esas creencias, esa confianza de la gente. Fraguando cifras de balances. Ocultando situaciones hasta puntos límite de la quiebra inevitable. Vendiendo sus propias acciones por muchos millones de dólares, sabiendo que la empresa se hundiría al poco tiempo. Y tratando de estirar la novela. Pero no uno, ni dos, casi lo permitido en una danza de tantas empresas: un rosario de nombres que no ha cesado. En algunos casos con renombrados políticos, o parientes, mezclados en esos desfalcos. El que quiera comprar los ciclos, está totalmente ajeno a lo conmensurable: quiere equiparar una mesa con una bicicleta. No son los efectos los que importan. No es la anécdota del «cuánto bajó» sino qué llevó al desastre. Y en tren de catalogarlo: nos parece -por la época y una supuesta evolución-que esto es lo más desagradable de la historia. Acaso con la semilla de la «Compañía de los Mares del Sud» pero a favor de lo antiguo: es que eran más nobles, no tan retorcidos y malsanos como los de 2000. (Y es bastante...).

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