28 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Qué hará usted, cuando deje de ser empresario (o símil empresario, que hay unos cuantos en nuestro medio)?

Es una linda primera pregunta, para un breve cuestionario que imponga acerca de posibles futuros, después de que se levante la bruma de la crisis. Hoy, todavía lejos, y más que eso preocupante, parece que nos vamos por la senda equivocada en casi todos los segmentos de poder dentro de la sociedad. Se habla casi con descaro de ciertas situaciones, mientras se debate abiertamente sobre qué sistema aplicar para las elecciones «primarias» al mejor estilo gangsteril. Porque todas «las familias», con todos sus «padrinos», están pensando de manera febril en qué tipo de trampa los quieren introducir los demás. Cada uno con su engañifa, acomodando los tantos y anunciando a los cuatro vientos que habrá fraudes. Que ningún sistema dejará convencidos a todos y que los que pierdan, pegarán alaridos del tipo Cavallo -cuando perdió en la Ciudad- haciendo regios papelones históricos. «Si gano, me consagro. Si pierdo, impugno, acuso, grito y solicito que vayamos de nuevo. Y si pierdo por mucho, igual me ofendo, alego un fraude todavía mayor y que era parte de la campaña en nuestra contra..., vilmente llevada a cabo en el momento sublime del voto». Descaros políticos, también económicos, donde todos parecen dispuestos a refrendar que no haya emisión de pesos, pero que los bonos sean un festival inenarrable ya. Ilevantable. Todo papel, empujando al bueno.

¿Hasta cuándo se podrá sostener la comedia, con tal de frenar al dólar? Mientras, la polémica con visos de arrebatos domésticos de un matrimonio que se tira con los platos, a la vista de todos sus vecinos, prosigue entre
Economía y el Central, donde es evidente que está hablando «la voz del Fondo» por un lado, contra la voz de «transición» del otro ángulo. Esto hace una buena cantidad de décadas -en la Guerra Civil Española- se bautizó como tener «una quinta columna», gente que juega para el contrario con la camiseta de nuestro equipo. No hay que ser ningún Holmes para advertir que esto sucede en la cúpula del manejo económico y con Duhalde jugando a dos puntas, calmando a uno, rogando al otro que no se vaya.Ya surgen, los de segunda línea tirando recetas a los cuatro vientos y burlándose en la cara de un ministro que aparenta ser más calmo que Lenicov pero igualmente proclive a eyectarse, o a salir eyectado, de una nave que arde y que posee mandos de urgencia automáticos. ¿Y en la Bolsita, cómo andamos? Pues, tratando de acomodar al seleccionado Merval, sabiendo que los capitanes y los que daban la orientación se caen uno tras otro. Se acumulan más biografías empresarias de los que serán «ex» de algo. Y habrá otras empresas, y otros empresarios, que seguirán allí, capeando otra crisis, viendo pasar ministros y gobiernos, pero siempre bien administradas. Son aquellas que los «vivos» llamaron «antiguas» (el pan también es viejo, pero alimenta)...

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