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A menos que se consigan capitales por vías institucionales, de entidades y no de inversores ni banca privada, toda la proclamada llegada de una etapa de crecimiento debería quedar en un bosquejo, apenas. Sin crédito, se sabe, no se llega muy lejos a ninguna parte y es mucho más importante -para un país, una empresa, o un ciudadano- contar con crédito, que con efectivo limitado. Las reservas no juegan ningún rol, en función de querer medir posibilidad de ponerse en marcha y promover esa tasa de crecimiento que hasta se quiere corregir -oficialmente- hacia arriba. Los bonos emitidos por nuestro Estado resultan, hoy por hoy y quizás por bastante tiempo más, un ejemplo soberano del «bono basura». Todo lo que se quiera decir en contrario, es muy difícil de demostrar en los hechos. Y, simplemente, porque el estado de colisión en el mundo es tan grave, que ni siquiera a los puertos seguros se dirigirá el capital.
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