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Se les aportaría capital, se los haría funcionar como sociedades transparentes, con obligaciones de mostrar sus negocios trimestralmente a todo el mundo. Se los dotaría de apropiada mezcla entre el Estado y los privados, buscando que se cumplan los objetivos básicos con la seriedad correspondiente. El único peligro real, es que después suceda como con otras privatizadas y que partieron de una composición atomizada, donde se evitaba que cayeran en manos únicas y el Estado participando, y por sucesivas modificaciones a gusto y placer de gobernantes y legisladores: quedaban capturadas totalmente. Dejarían de resultar cotos de los partidos gobernantes de turno, dejarían de arrastrar insensatas carteras de incobrables, o se evitaría que pudieran dispersar créditos, a quienes no reunieran los requisitos naturales. Claro, cuando se habla de privatizar, como sugiere el Fondo, el asunto es que se lo haga mediante su incorporación a Bolsa y no mediante fórmulas que lo segmenten en dos, o tres, licitaciones. En una palabra, lo evitable es que se entreguen, en lugar de colocarse. Una
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