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Era periodista del diario «La Nación», donde se publicara esta novela en forma de folletín, en 1891. Alguna vez hablamos de ella, considerada valiosa desde lo literario, si bien polemizable desde lo bursátil. Pero, el caso ahora no es el de volver sobre lo global, sino solamente sobra la última página de esa obra. Apropiado para el calvario de volatilidades actuales en el mundo, observe el lector esta descripción: «Durante un momento, él probó todo los goces del amor y de la vanidad satisfecha, viéndose dueño de la criatura más hermosa que habían contemplado sus ojos».
«Pero, de pronto vio que los brazos que lo estrechaban transformábanse en asquerosas patas, provistas de largas uñas en sus extremos. Y el seno palpitante se transformaba también, y echaba pelos, pelos gruesos, largos, cerdosos que pinchaban como púas de un erizo.»
«Y cuando quiso huir, arrancarse a la fuerza que lo retenía, fue en vano. Las uñas se clavaron en su piel, y sus articulaciones crujieron haciéndose pedazos. En su espantosa agonía, alzó los ojos buscando la cara que momentos antes besara con pasión, y vio que las hermosas facciones que tanto había admirado, se metamorfoseaban lentamente.» «La boca se alargaba hasta las orejas, y agrandábanse, multiplicábanse los dientes, en tanto que los ojos, furiosos y bizcos, se revolvían en unas órbitas profundas y sin párpados...»
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