22 de mayo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Paremos la mano. Miremos un poco hacia afuera, porque lo que volvió a suceder el lunes pasado en los recintos del mundo, es bastante preocupante. En épocas medianamente lejanas, una rueda de Wall Street, europeos, asiáticos, sumando a los de segunda y tercera línea (como nosotros), con esos saldos en sus indicadores: hubiera revistado dentro de los «lunes negro».

La fuerza de la costumbre, después de tantos saltos mortales en estos años, hizo pasar como una rueda más, a esos productos bursátiles que denotan -adelantan- una peligrosa situación de la economía global y que les pega a todos aunque intenten apartarse. Recesión estadounidense que ya no tiene la cobertura de la guerra, con bastante afán por ser exportadora a Europa y emparejar el tablero. A lo nuestro, tan precisado de que el dólar de $ 3 sirva para captar divisas y sostener los gastos internos, cualquier amago de cierre de puertas le puede resultar infartante. Esa caída en dominó de los mercados de riesgo, también pasó por Buenos Aires sin demasiados comentarios, y hasta le vino bien a los operadores porteños, como para decir que el Merval fue «de lo mejor» en esa fecha. Claro, bajó menos de 2% y con eso le bastaba, ante el desastre de otros. Como cíclicamente se ponen de moda las tendencias a mercados abiertos, o a golpes nacionalistas tal parece que todos los ojos pasan por los Merval, sin sacar mucha conclusión de lo que es el escenario mundial en estos momentos. Y no es para nada bueno. Mírelo un poco, lector.

Para poder sostener algún movimiento medianamente dilatado, entrar en tendencia y salir de las tónicas cortitas, inevitablemente se precisa de algún aporte de «fichas» de afuera: las que se acercan cuando buscan pimienta y su propio menú funciona solo. A la inversa, si comienzan a un trepidar de sus activos, no dudan en liquidar lo que tienen desparramado por el «gran tablero» del mundo y en países sumamente peligrosos (como el nuestro).


Pensar en que habrá
capital de riesgo, en un medio donde el crédito prosigue sin existir es soñar despiertos. No excluye esto esos saltitos de rana, que aparecen y se esfuman en picotear las migas. Pero, hay que ser un «tiempista» excepcional para saber, después de varios amagos, cuándo saldrá la línea ascendente que permita las diferencias que requiere arriesgar en estas condiciones. Y se seguirá, además, en circuito que no sale de «la city» y que no atrae al inversor que se precisa. Días atrás, una calificadora a la que se tiene por buen calibre, lanzó la advertencia acerca de balances de sociedades locales donde «la utilidad es una ilusión», proveniente de un tipo de cambio que les jugó a favor con la baja, modificando líneas finales. Esto fue en la misma dirección de lo que decíamos en «cupones» de cuando llegaron los balances, ante ciertos comentarios sobre que se habían producido fuertes ganancias en muchas firmas cotizantes. Hay que indagar más a fondo, y hacer prevalecer la faceta «operativa» sobre lo demás.

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