No irá el presidente de la Nación a la Sociedad Rural, por «problemas de agenda». Trató de zurcir esa rotura de puente, agregando que aprecia a la entidad. De inmediato, una de cal y otra de arena, criticó a la anterior conducción «porque apoyó la convertibilidad». La pregunta es: ¿quién no la apoyaba, mientras regía? Pero, además, es ingresar en una polémica -una más- de las totalmente inútiles y que ya se ven como recurrentes: un revisionismo histórico, que es bueno cuando se tiene el presente controlado y pleno de bienestar, pero que dispersan energías en enjuiciar lo pasado para ver cómo se le va entre las manos el presente. Por este tipo de sendas preferimos ser más bien escépticos ante entusiasmos como el que mencionábamos el viernes, de un interlocutor amigo. Pero revista como hecho de la semana esa ausencia presidencial locomotora, para que la diezmada industria consiga alcanzar un cierto ritmo. Nos decimos las cosas, les decimos las nuestras, vemos de qué modo se puede congeniar una conducta armoniosa, resultaría una mejor fórmula para un gobierno que precisa de todo el apoyo que le puedan dar desde adentro. Decir «con ése o aquél no me junto» podría admitirse a título individual -con ciertos personajes nefastos-, pero romper lanzas con todo un sector es seriamente preocupante. La Bolsa saltó jubilosa el martes, después supimos lo del miércoles y un volumen igual al anterior, pero se debió dedicar a la absorción ante la expansión vendedora. No sabemos sobre el remate mensual, del jueves, ese tipo de ruedas clave que están influenciadas de modo atípico por utilizarse como instrumento de medición de todas las carteras y los índices. De acuerdo con las dos ruedas precedentes, una brillante, la otra opaca, quedaba la cuestión del repunte del dólar para sacar algún estímulo de la galera y tratar de que el bien sustituto no se quede detrás en dólares. Tan ambiguo como lo otro, pero ante la carencia de buenas nuevas, todo sigue sirviendo... Los trimestres y memorias a junio quedaron a salvo de lo que sucedió con el billete a finales de este mes, pero en función del tercero -y el tipo de cambio sobre los pasivos dolarizados- hay ya una luz amarilla en la zona baja de los cuadros, en el esquema que quiere plantearse desde las arcas oficiales -jugando a recaudar más- y que tienen a la inflación a la vuelta de la esquina y recrudecer de pedidos de actualización, si es que el dólar se monta encima de los $ 3. Esa trampa abierta, que no ha podido ser cerrada, generando esa especie de «reír llorando» del famoso Garrick, según les pegue a unas por arriba, a otras por abajo, el cambio de estado en el valor del peso (que el dólar, después de todo, siempre está en «1» el pobre). ¿Usted está viendo más claro, amigo lector? ¿Cree que hay modo de interpretar qué se aplica y hacia dónde vamos?. Quizás ellos sí, podría ser una respuesta benigna, pero, entonces, que no tarden en informarlo a la ciudadanía.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.