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Pero, a diferencia de un sistema que ya impulsara el ex ministro Aldo Ferrer, a inicios de los '70, donde se desgravara hasta 10% del impuesto a los réditos para todo inversor que tomara acciones nuevas (suscribiendo) y con la cláusula de mantenerlas en cartera por tres años, para promover al mercado de capitales: en esta ocasión, iría en dirección a restar unos puntos, de lo que la propia sociedad abona en «impuesto a las ganancias».
Para ser sinceros, viendo de qué modo vienen las cuestiones y qué conceptos se tienen sobre el empresariado: no se nos ocurre que tales iniciativas lleguen a prosperar. Tal vez sí, en ciertos estamentos gubernamentales, pero que posteriormente resultan taladas por otros funcionarios. Baste observar las reacciones cuando desde Economía hablan de aumentar tarifas, o de presentar ciertas ideas que representen incentivos, y los verdaderos des-aires que le caen a Lavagna de inmediato, desde los alfiles del presidente de la Nación. Es más, algunos roces dan para seguir pensando qué habrá de suceder con ciertos cargos en un gabinete que -oficialmente-se estrenaría recién en diciembre con el «nuevo gobierno».