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A un tiempo, tomaban como buena señal europeos y norteamericanos la creciente debilidad del dólar (cuando en el juego de pistones, alguno deberá verse resentido) y, en nuestro medio, una suba enloquecida del Merval recién estrenado en 2004 se potenciaba sobremanera, frente a otro descender del nivel del dólar y apreciación del peso argentino. Todo puesto en la misma canasta, en una especie de «perinola» financiera que cayó en la cara del «todos ganan». Algo no encajó en todo el emporio alcista, por más que las evidencias del día quedaron allí patentizadas. A juzgar por lo visto, cotejando los incrementos entre activos, el pronóstico diría que a un mismo tiempo todo irá bien y todo irá mal. A menos que hayamos entrado en una zona de desconciertos mayúsculos, entre los operadores y capitalistas, dentro de un mundo que aporta sus contradicciones permanentes y hace que muchos «cubran todo el paño», en tren de acertar. Informate más
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