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12 de abril 2004 - 00:00

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De allí hasta esta casi mitad de abril, todo resultó un viaje en círculos, como mordiéndose la cola el mercado, y sin poder forzar la situación más que fugazmente. En estas ruedas, quedó casi como resignado a tomarse de la cornisa de los 1.200 puntos y penando por la falta de combustible. Porque en aquellos momentos de enero, donde el Merval reconoció esos 1.200 puntos, el total negociado se movió entre mínimos de algo más de
Y nos quedamos con tal señal como bisagra en la tendencia de fondo del año. El día de los $ 103 millones resultó de « enchufe» de posiciones, con caída de casi 4% en el índice. Lo demás, aun con repuntes, pareció aquello de «tirar de perro en vaca muerta»: una lucha por arrastrar el Merval a las alturas, cuando su pesadez resultaba cada vez mayor. Como el perro, después de duro lidiar, algunos trozos esporádicos se podían extraer, dentro de un juego cada vez más corto y menos apetitoso. Llegamos, de tal modo, a un abril pleno de neblina y cuando el clima exterior insistía en que seguía el verano, dentro del recinto, se vio bien que ya era otoño.



Les pasamos raya de antemano a las dos ruedas entre los feriados de Malvinas-Semana Santa, la única nota de color era saber en qué nivel de volumen se iría a hacer piso en esas fechas. Y los $ 25 millones pudieron ser una buena respuesta para confirmar el rebaje muy notorio de demanda, cuando entre los activos de alternativa la cuestión se seguía presentando propicia para la Bolsa y sus acciones. Dólar, no. Colocaciones de renta fija, no. Y se agregó acciones, no. ¿Qué es lo que se hace con el capital que anda flotando por la City? Atesorar oro parece una jugada no ya conservadora, sino decididamente de confusión y de emergencia. Pero, si insisten, lo que escasea se encarece: y el oro pasó a resultar una excelente inversión-atesoramiento de marzo. Detrás del metálico, florecieron los avances en todo tipo de bonos argentinos -de los defaulteados, a los nuevos-y cuesta creer que se compren títulos como Global 2027: el 2027 es fascinante pensar en quiénes estarán a cargo para redimir esos títulos (o si habrá alguien). Nos acordamos siempre de «la primera vez que me defraudes será culpa tuya. La segunda, será culpa mía». ¿Recordarán eso los que compran bonos locales?

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