13 de mayo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Sea por el motivo que fuere, una corrección con toda la fuerza necesaria puede que le venga bien al mercado, pensándolo a cierto plazo y no solamente haciendo cuentas en caliente. Obviamente, habrá ganadores y perdedores ante el vuelco que se produjo, como los hay cuando se produce el vuelco en la otra dirección. En un caso los que compraron muy arriba, en el otro los que vendieron muy abajo. La felicidad «socializada» no existirá nunca, al menos en términos bursátiles. Porque no habría modo de operar sin contrapartidas. Y si hay contrapartidas es porque cuando uno está en una posición, el adversario ocasional estará en la otra. Uno de los dos gana, uno de los dos pierde. Aunque el secreto de este maravilloso juego de comprar y vender está en que los roles pueden cambiarse en cierto tiempo. A veces, en muy corto lapso. Pero, volviendo al inicio, el mercado y su índice hace rato que parecían clamar -para no trabarse por completo-un sacudir de frutos maduros. Y cambiando impresiones con operadores que tienen la suficiente mente fría como para alejarse del bolsillo y no mezclarlo con una conclusión, la opinión era la misma. El indicador de Buenos Aires ya venía desinflado después de gozar sus últimos máximos, de enero; lo demás siguió primero por el propio impulso. Después, por la falta de alternativas atractivas. Finalmente, por una oferta que se acomodó cuanto pudo a una demanda que sólo existía en mínimas proporciones. Y allí se sostenía el Merval, peleando en torno de los 1.200 puntos, rezando para que algún estímulo fuerte -positivo-apareciera y dejara pasar con disimulo el bache. Pero el estímulo, los estímulos de todo tipo, locales y externos, aparecieron en masa sobre abril y mayo, y fueron de corte negativo.



No por casualidad vinimos pagando más por el ajuste que la mayoría de los otros mercados. Y lo del lunes « negro» en el mundo, trayendo más de 8% de recorte aquí, resultó demasiado traumático por la velocidad y el tajo dado, pero no podía sorprender en demasía si se lo consideraba desde el otro punto de vista
, la corrección.

Demasiado, ver al índice apenas en 921 puntos, rozando casi una centena por debajo de lo que seguía flameando con orgullo: de piso inexpugnable de 1.000. Nada hay inexpugnable en Bolsa; « imposible» no está en ningún diccionario de léxico bursátil. Como tampoco es imposible pensar en una vuelta, si es que ceden las adversas condiciones reales que están flotando en estos momentos, aquí y afuera. En un punto, todo activo encuentra un comprador, pero el río queda muy revuelto.


Seguramente se han tenido casos de reposición de garantías, por cauciones, de ventas obligadas. De todo lo que es capaz de retroalimentar un circuito a la baja. Pero llegando el punto, no antes ni después, lo que se considera «barato» encuentra su comprador.


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