24 de mayo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Remando de modo ferviente en algunas de las últimas ruedas, todo parece indicar que los operadores se han vuelto a fijar una meta como la que alentaba las últimas instancias de 2003: llegar a los 1.000 puntos del Merval. La diferencia es que carece de gracia tener que reconquistar un terreno, al que se pensaba como incorporado a la estadística de forma casi histórica. Pues que en estos movidos meses recientes, esa historia se tornó viva, quedando como una herida abierta el ver al índice yendo como resbalando sobre aceite y casi aterrizando en menos de 890, lo que causó no poco estupor: tanto como que se asustaron más los que querían seguir saliendo, dejando de hacerlo, y observando que se podía ingresar a zonas donde la desprolijidad se convierte en anarquía. Y la anarquía: en desastre.

Terminando el viernes en los 520, algo más de 10% de conquista semanal nos sitúa nuevamente en los cuatro dígitos. Parece sencillo decirlo, como no pareció muy complicado acumular un repunte de esa magnitud en un terceto de ruedas. Pero esto es como en los regímenes para adelgazar: los primeros kilos se pierden fácilmente, con casi todo método, el asunto viene después. En un punto del recupero parece estar acechando nuevamente la venta, a la que se suman los que pueden haber extraído partido suculento, de esas ruedas donde se tomaron posiciones cerca de los 900 puntos.



Los sondeos de opinión, entre los denominados « especialistas», ahora hablan de una volatilidad que estará presente de modo permanente. Vaya... no hay que ser demasiado « especialista» para llegar a tal conclusión. Es lo que puede observar a diario cualquier hijo de vecino que vea los vaivenes a que está sometido el mercado argentino, en medio del sometimiento mundial de los mercados.


Cuando se emplea la expresión «volatilidad», es la cortina de humo que protege cualquier conclusión que se realice y todo pronóstico que se ensaye. Como jugar con una cubierta, en momentos donde nadie acierta a establecer qué puede llegar a suceder en la rueda siguiente. Un estado de mercado gaseoso, muy lejos de la condición de cuerpo sólido que es la deseable, y ni siquiera en la etapa de elemento blando. Tanto se puede volatilizar el aumento de un día, aunque sea contundente, como corregirse alguna baja de perfil preocupante. No importa demasiado saberlo, salvo para los que juegan el salario del día por día, o que se internan en la ruleta rusa del todo o nada. Para la cartera razonada, interesa poder llegar a imaginar la tendencia de un mediano plazo «a la argentina» (uso mediano, en el mundo, sería de dos a tres años. Aquí, no pasa de unos meses). Podría preguntarse a ciertas consultoras, afines al poder, que con total desparpajo hasta le pueden contar a cuánto estará el dólar en 2008: una buena jugada. Nosotros podemos hacer lo mismo: en 2004, la tendencia estará positiva.


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