27 de mayo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Ya junio está allí adelante. Y se replantean cuestiones que parecen quedar de lado ante cada nueva postergación, pero resurgen más potentes al vencerse los plazos. Otra vez estarán en primera plana la tensión con el FMI, la propuesta argentina con los acreedores, la posibilidad de llegar a un entendimiento y que el panorama se disipe antes de que el escenario del mundo se vuelva más hostil para los países en problemas. Tal lo que se vino hablando, volverá a ser un diálogo de sordos, pero la pregunta es: qué habrá de suceder después de que las posiciones no hallen el punto de corte. Deberá resultar la máxima tensión de mitades de año, algo que tiene que maniatar cualquier vocación inversora, en cualquier mercado. Por lo cual, lo esperable para junio es un ingresar a tientas, con volumen muy deprimido y el índice intentando sostenerse lo mejor posible. No nos agrada el juego del «gurú», al que es tan afecto el mundo actual. Pero, es razonable trazar algún posible escenario con perfiles lógicos, sobre hechos que constituyen variables ingobernables de parte del inversor, donde se depende de efectos que responden a causas extrabursátiles, tan vitales como las que afectan la economía de un país. La hipótesis de máxima: que la Argentina y los acreedores se encuentren en un punto común, para sellar algo, es casi impensable -a menos que haya una carta secreta-y vistos los permanentes comentarios oficiales sobre no modificar sus ofertas principales. Y es tan obvio cuál sería la respuesta a ese acuerdo, sobre los mercados, que se hace inimaginable medir una posible reacción en términos de índice. Mucho más cuando se puede pensar en un mercado que está inclinado a la « sobreventa», donde cualquier tironeo de demanda en firme puede causar el rompimiento de las leyes naturales y propender a un feroz salto hacia adelante y hacia arriba. Alguna vez, suponemos, ese acuerdo deberá arribar: es lo que podría justificar todo tipo de acumulación que se realice con anterioridad, aunque haya que esperar lo necesario, como para extraer espectaculares diferencias.



Hace bien pensar en bellas cosas, en momentos malos, salvo que se confundan los sueños con la realidad diaria. No parece estar latente el entendimiento, antes deberán surgir más turbulencias, y lo que hace que junio tenga sobre sí un manto de temores que ya arrastra desde los pasados períodos del año, a partir de febrero. La baja sufrida no fue de un día para el otro, ni de uno a otro mes; el desarrollo del ejercicio nos hace saber que después de enero todo resultaba un deteriorarse de la tendencia que estuvo primeramente disimulada por el impulso que se traía desde 2003. Ese impulso que obliga a descreer de las bajas, poniéndoles el pecho de entrada y dilatando las correcciones. Pero la baja fuerte llegó. Y hay que pujar ahora para correrla.


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