30 de junio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Así como las empresas que componen el mercado accionario están buscando vivir el presente lo mejor posible sin tener un pronóstico claro para el futuro, el ámbito donde esas acciones cotizan también se nutre de un presente al que se quiere apuntalar como se pueda, pero careciendo de una segunda y tercera línea inversora, necesaria para que el movimiento de coyuntura se convierta en una tendencia. No la hay. Solamente la tónica semanal y que se abre cada lunes como un escenario nuevo, al que se intenta doblegar y ver qué saldo deja en la semana. Los viernes se cierran capítulos, que reabrirán dos días después, como eslabones sueltos de una cadena que no posee más hilván que el lugar físico y el horario regular de encuentros. Cada uno de esos capítulos tiene prólogo, nudo y desenlace, como si fueran los «Cuentos cortos de la Bolsa», que entretienen pero no dejaran demasiada huella en la historia.

Y está bien que así se redacten, porque lo que se está viviendo como país es un presente al que se intenta sacar adelante como se puede, y del futuro ninguno tiene certezas acerca de qué Argentina habrá que vivir un año, dos años, más tarde. Todos los lunes, el ciudadano sale a enfrentar el mar de los misterios acerca de inseguridad, agresiones políticas, declaraciones altisonantes, trabajadores y empresarios reclamando cada cual lo suyo. Y la consigna aquella del no reprimir, que se complementa con otra tácita del «no resolver». Los problemas encontrados siguen allí, algunos han acrecentado sus fojas, en favor del buen cobijo que se les brinda dejando pasar el tiempo. Como la propia deuda externa, que continúa con el taxi bajando fichas, mientras se prosigue dilatando verdaderas negociaciones y ver si se levanta el velo que nos hará retornar al país normal.

Se puede entender que no se está ante encrucijadas sencillas, pero a un mercado de riesgo no le interesan las explicaciones ni los argumentos dilatorios: solamente refleja aquello que les toma del pulso a sus inversores, como si les sacara un «electro» todas las semanas. Y por debajo de las opiniones de superficie, seguramente que se tienen serios temores por arriesgar a más allá de un capítulo, de una se-mana, de un cuentito corto.


Todo lo que se continúe arrastrando, como en los llamados «resultados no asignados», pasa a engrosar el tiempo siguiente. Que se incrementa con nueva problemática y arma aquello que uno suele ver en los estados contables actuales: quizás un buen saldo trimestral, con una terrible suma adversa en los acumulados. Y, como sucede con los balances, a los efectos de medir una capacidad de dar dividendos, lo que vale es el saldo global. El presente, más el pasado de arrastre, algo que suele obviarse cuando se habla con triunfalismo de alguna estadística puntual, al día. ¿Y lo de atrás? ¿Quién lo resuelve?.Acaso... un «Chapulín Colorado».

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