Esmirriado, ya para sumido, la figura que nos mostró el mercado: en otra prueba actuando sin la concurrencia de las órdenes globales, el lunes pasado. No se pudo pasar de los $ 11 millones de efectivo -unos seis millones de dólares, generosamente observados-y esto resulta unas dos, a tres veces, aquello que se conseguía en tiempos de «viejo recinto» y de pizarras plenas de tiza, anotadas con tracción a sangre. Tiempos de mercado cerrado, donde los operadores no reparaban en cómo le iba al Dow Jones, qué demonios le pasaba al Bovespa, mucho menos aquello que tenía que ver con la lejana Europa. Cuando hablamos de la Bolsa de Comercio en su sesquicentenario, también estamos hablando de veinte años de inauguración del recinto electrónico, en el edificio del anexo. Y de una capacidad para procesar negocios en los nuevos «paneles», reemplazantes de las pizarras, que causaba bastante asombro. Una bisagra en el historial de inversores y de comisionistas: estos últimos, yendo a «clases» después del horario habitual en el recinto de la esquina: para aprender a manejarse con las modernas formas que se requerían. Fueron unos meses, para dar la luz verde y no pocas anécdotas -de algunas macanas que cometían los más veteranos, hasta tomarle la mano al sistema-pero se pudo decir con mucho orgullo: que la Argentina poseía un recinto a la altura de los mercados desarrollados. Y que se abría desde allí una «nueva era» en la generación de negocios. Se fueron volteando vallas, normas que -decían impedían el arribo del capital extranjero a nuestra bolsa. Unos años más tarde, la « globalización» se hizo total, los ADR desde Nueva York iban marcando otro tipo de tendencia (de afuera hacia adentro) y se empezó a operar con un ojo en nuestro recinto. Y el otro, siguiendo las pantallas con información de afuera. Finalmente, el advenimiento de las AFJP y esa seducción -creída por muchos-de venir a darle el verdadero vuelo a las especies locales, prometiendo un vuelco y otra «nueva era»: en la apertura de negocios y montos nunca vistos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
• De todo se tuvo un poco, pero casi nada se apegó al sistema para quedarse: sino, para servirse de los buenos momentos. Entramos al nuevo siglo, veinte años nos separan del inicio de los cambios trascendentes y encadenados, para derribar las cuatro paredes, arrojar las tizas al cesto, vender las pizarras como chatarra.Y quiere la historia que, a punto de cumplirse los 150 años de trayectoria, el mercado posea un caudal doméstico que no sube de los seis millones de dólares. Una vidriera de especies que se fue raleando, el permiso para colocar «O.N.» en bolsa, sin pertenecer como sociedad cotizante.Y todos jugando su partido, donde fueron más las fuerzas que se quitaron al sistema, que las que lo robustecieron. Curiosidades argentinas: la de volver al mismo punto.
Dejá tu comentario