Como si la triste demostración del volumen del lunes le hubiera calado hondo, o para aventar por una vez más peligrosas figuras, la rueda del martes resultó decididamente tomadora. Si bien el monto negociado más que se duplicó, se volvió a los $ 30 millones de velocidad crucero, aunque visto desde el día anterior adquirió proporciones superiores a las reales. Una onda compradora que buscó hacerse de posiciones en las únicas plazas donde se puede conseguir liquidez, Galicia, Acíndar, Petrobras, elevó las cotizaciones de esas tres principales sabiendo que iba a repercutir en el ponderado. Fue una fecha con 3,7% de aumento, un paso adelante para intentar asaltar los 1.000 puntos y en una plaza que mostró una condición para destacar: por el modo de saltar, en cuanto llegó un tironeo de demanda, imaginarla con principio de «sobrevendida». Seca en sus entrañas, negada a la baja, capaz de marcar porcentuales serios al llegar una cuota de compras. Eso es una muy buena señal, si es posible terminar de verificarla con otras ruedas. Falta, claro, ver la respuesta de la oferta después de las recomposiciones de cierta magnitud: hasta ahora, nunca ha faltado a la cita y moviéndose entre bandas de máximos y mínimos, apretando o dejando respirar oportunamente, para promover otra reacción. Sin embargo, el índice consiguió asirse de otra buena cota, muy cerca de los cuatro dígitos, como si también la oferta se dispusiera a dejar que cada vez se suba en el Merval, tras cada nuevo descreme de utilidades. Lo singular de esta etapa es encontrar esos enormes valles, como el del lunes, donde da la sensación de una plaza que se despuebla de común acuerdo, como si decidiera alguna suerte de feriado bursátil, para volver a las armas el día siguiente. Lo dicho, dicho está, no nos vamos a olvidar del lunes de los $ 14 millones. Pero, a la vista del paso siguiente, estamos más por creer en que se trató de un consumirse por falta más de oferta que de demanda. De vendedores que no entregaban más cantidad y de compradores duros en la pulseada, pero destrabados el martes y dispuestos a barrer posiciones. A veces nos olvidamos de que planteamos la escena como si se tratara del viejo piso de operaciones, casi extinguido por completo de habitantes y como si las ruedas a viva voz siguieran intactas. Nos gusta, acaso, imaginar ese escenario al de las mudas terminales, con ausencia física de recinto. Gente gritando «¡mías»! o «¡suyas!», cerrando el circuito en una plaza. Era un buen termómetro para distinguir situaciones, que dependían de los que estaban en un extremo o en el otro. De los semblantes, del nervioso andar de unos y otros comisionistas por el piso. Eso ya no está, solamente se lo puede describir «in vitro» (en el vidrio, sí, de una pantalla) y el intento de analizar por simple derivación de montos y precios. Hay que conformarse, es lo que hay.
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