28 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Comienzo de semana con otra bomba política estallando en la cara de la sociedad y en el corazón de los mercados. Podría decirse que existe una coraza, por efecto del hábito de noticias desagradables, y acaso esto pueda ser cierto. Pero, en alguna parte, esas imágenes que vienen del centro del poder originan los arrugues que parecen no adquirir explicación. Si cabe aquello del «nada se pierde, todo se transforma», el mercado puede ser también receptor apto de ese axioma. Aunque parezca que declaraciones como las del desplazado Gustavo Béliz se pierden o rebotan contra la coraza, vaya a saberse en qué punto se ha transformado en ruedas decadentes, resignadas, entregadas.

Qué difícil se hace pensar en que algo germine, en un terreno tan árido como el que se continúa rastrillando. Y qué terrible es pensar en un desarrollo de mercado de capitales, cuando a cada paso estalla una «mina» que ni estaba señalizada. La directiva bursátil quiere ponerles el pecho a las inclemencias, busca que nuevas sociedades se agreguen a la cotización, intenta jugar a que las pymes se integren y vengan en procura de hallar una fuente. Está bien que se quiera procurar apuntar para adelante, aunque a nadie escape que primero hay que vadear este pantano que presenta la actualidad del país. Y seguimos preocupados, porque crisis hemos visto algunas, de distintas características, si bien todas agobiantes, pero lo de ahora es un valle abierto bajo los pies de un mercado que venía en otra dimensión y perdió todo de un plumazo. El cambio de expectativas, el hecho más verificable, no consigue salvarse mientras se acumulan más novedades negativas.

Entre la presión externa, por motivos de mucho peso, y los conflictos locales, lo que queda entre ambas hojas de esa tijera no puede menos que salir hecho flecos. Y así como no se pierde el peligroso filo de una de las hojas, sobre deuda y FMI, se afila más la otra con desavenencias que muestran a todo público que «la casa no está en orden», que se cometen errores en momentos delicados y que las derivaciones son inimaginables. Esto va de punta contra la inversión, mucho más contra la de riesgo, anula algún entusiasmo por ir a cotizar nuevos papeles. Y echa hacia atrás muchas órdenes tomadoras, que se detienen hasta que cada tormenta pase. Todo un ciclo de cuestiones que se encadenan y que transmiten la carga de eslabón en eslabón. Por eso es que nos preocupa en grado sumo este valle que debe atravesarse, desde las diezmadas trincheras de una Bolsa que funciona apenas con el «olor» de las órdenes. En momentos de salir estos cupones, no estamos al tanto de cómo le ha ido al vo-lumen en los primeros momentos de la semana. Pero lo asombroso sería ver un curso ascendente, después de lo que dejaba el nuevo estallido político. Se tratará de otra etapa para tener que soportarla, con una Bolsa que es simple caricatura de sí misma.

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