Esa extraña «apertura política», que súbitamente pareció delinear el equipo gobernante, puede ser, en la medida en que le crean, un estimulante para la alicaída estructura bursátil. Dentro de lo que hay, bastante desértico, una imagen de origen político suele resultar -bien utilizada- una «palanca» para mover algo el ambiente. Tanto como para encontrarle salida a un mercado que se ha vuelto a consumir, que cerró julio retocando precios en última rueda clásica (el índice que dice cuánto ganaron, o perdieron, las carteras que deben mostrar resultados mensuales) y que no poseía ante sí mayores estímulos para variar lo conocido. Se verá, en contraposición, de qué manera se lleva a cabo el tarifario de las eléctricas: porque si se piensa tipo Robin Hook, recargando a las empresas el grueso del aumento del que se venía hablando, la cuestión se va a poner espesa para los costos, que se trasladaría, obviamente, a los precios de los productos. Y de allí en más, lo que venga. En tal caso, resultaría un depresivo que está flotando, capaz de morigerar -o hasta anular- aquella señal estimulante de la que hablábamos al inicio.
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En derredor de estas cuestiones se abre el octavo mes bursátil, un período de por sí poco afectivo con los índices. Claro que el pasado no debe ser necesariamente repetible, pero todavía se han seguido escribiendo secuelas sobre las etapas negras de Wall Street: que le solían caer en octubre.
Si es por encontrarle el lado positivo, recordar que agosto fue terminal de las bajas del año anterior: con un trimestre final a toda orquesta y donde el Merval, más que correr, volaba a partir de ello. Tampoco en este ejemplo se debe confiar demasiado, casi nada, porque hay que observar -recordando- qué escenario y tipo de expectativas racionales se barajaban hace un año, y de qué forma se fueron debilitando, varias de esas expectativas.
Sería muy interesante chequear a fondo la plaza, en las ruedas de su primera decena de días. Podría estar allí la clave de todo el período, hasta para hacerlo extensible a lo que reste del año. Porque hay bastante madeja apretada, que tendría que comenzar a resolverse desde agosto. A puro recuerdo, que ahora nos vino vívido a la memoria, retornamos a uno de los agostos desagradables en la historia. Era 1976, uno de los boom más impresionantes de la trayectoria bursátil, y todo se derrumbó de un tajo. El asunto que actuó de detonante fue la versión que corría con fuerza: acerca del gestor del plan económico que se implementaba -el doctor Martínez de Hoz- y su posible renuncia, posteriormente no concretada. No quiere esto decir que este agosto se vea inmerso en rumores de renuncia de Lavagna (tampoco sabemos si se haría tanto problema, como entonces). Además, aquello estaba en plena «burbuja» y lo de hoy... ni siquiera una pompa.
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