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Pero, las andanzas sin marcos ni reglamentos estrictos, de los corredores que formaban «El Camoatí». Y las iras de una parte del comercio, ante lo que consideraban un agio desmedido en las cotizaciones de las onzas: es como que apuraron la necesidad de refundar una institución y, de paso, asimilar a esos corredores para tenerlos cortitos ya a la vista. La prueba de que no fue fácil es que la fundación formal, en los libros de actas, tiene fecha del 10 de julio de 1854. Pero, como mercado, recién empezó a operar el 6 de diciembre: lo que pasó en el medio fue una adaptación reglamentaria a nuevas normas que se le pidieron respetar y al inicial desinterés de participantes. Hasta se publicaron anuncios en los diarios, en diversos idiomas, para que se produjera algún acercamiento de asociados. Y tardaron seis meses para abrir las puertas y no correr el riesgo de volver a cerrarlas. Pasado siglo y medio, estamos en una mitad de agosto de 2004 y el desinterés está vigente de modo pleno.
La falta de capital de riesgo es alarmante, no solamente por la escasez del crédito, sino porque del dinero que está disponible y boyando es muy poco lo que llega a los paneles de la Bolsa. La tendencia endeble, con huellas del esfuerzo por tratar de sostenerse y con la esperanza a retomar los 1.000 puntos: a ver si se puede crear una atmósfera distinta, como de reverdecer.
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