20 de octubre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Con muchas de las frases emitidas últimamente por funcionarios argentinos, bien podría armarse una letra nueva de tango (que buena falta hace). No resultará de las mejores, no estará a la altura de la elegancia poética de un Homero Manzi, será una pieza más de larga lista de temas sensibleros que han rodado por la historia. El canciller Rafael Bielsa puede colaborar con una estrofa, echándoles una suerte de « maldición de la momia» a los italianos: «Si quieren ver yacer el cadáver de la Argentina, que se hagan responsables...». ¿ Responsables de qué, canciller? ¿De haber sido estafados y sin siquiera poder reclamar? Es ciertamente penoso ver de qué modo, dicen, se reconstruye la «dignidad nacional». Con apelaciones de baja ralea, con golpes bajos de barato culebrón.

Primero, apelando a la rica historia de la colectividad italiana en nuestro país -Lavagna- y colocándola en el otro platillo de un tema tan mercantilista como el entuerto por los bonos. Ahora, tratando de achacarles una presunta «muerte nacional», si es que no se avienen a aceptar la fórmula inconsulta, presentada por los acreedores -nosotros- al tómelo o déjelo.

Ciertamente que el tango moderno se puede ir armando sólo, al menos para que lo canten en las cantinas...

Y... a todo esto, el mercado bursátil seguía disparando hacia arriba en volumen y precios de la pasada semana, siempre basado en la creencia de que todo habrá de llegar a un cierto arreglo -bueno, o malo- de modo inapelable. Seguro que la cuerda se irá tensando, a partir de la presentación y todo lo que se vaya acotando de ambas partes. Promete resultar un mercado con «Raleos y balaceras» entre alcistas y bajistas. Al vaivén, al compás de este
¡tango! que comenzará a sonar en oídos de los bonistas. No vale la pena detenerse en encontrarles razones a unas u otras acciones, se ingresa y se sale por las puertas y ventanas más amplias: que no hay otro modo de hacerlo en condiciones todavía de incertidumbre. Nadie entra con los dos pies, uno queda apoyado en el umbral del mercado y -en consecuencia- buscan las especies donde la liquidez funcione como el gran elemento. Si bien se fue notando que a través de capitales que quedaron vendidos en las tres grandes, otras más chicas pudieron ponerse a tono, la escasez de papeles en juego en varias plazas genera todo un nudo impenetrable: hay que levantar notablemente los precios, no es negocio. Los mercaderes itinerantes -a los que Bielsa quiere hacer poetas no dudan en organizar lo suyo con las únicas premisas de: ganar y salir. (Y muchos sospechamos que hay sociedades que no tienen demasiado interés en estar en el Merval; prefieren el cobijo del perfil bajo del panel general).

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