Desde la actual conducción del país se dejan tantas situaciones dudosas, o se cometen equivocaciones casi «al tranco» -como diría el paisano- que después aparecen como burdamente corregidas, que llama poderosamente la atención. Lo más reciente es la intempestuosa salida presidencial en contra de una empresa, que a los pocos días recibió una versión «light», de parte de uno de los alfiles Fernández. Despegarse de los piqueteros, hablar de leyes de mercado, colocar aquello que había sorprendido por enésima vez -los impulsos descomedidos- es un plano más digerible. Y eso que el juego que despliegan los dos zagueros centrales que posee el Ejecutivo, no se destaca, justamente, por la pulcritud de métodos.
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Pero, toda pasa, queda velozmente en segundo plano y la sociedad -en general- observa pasivamente el libreto que le presentan y como dispuesta a concederle licencias de todo tipo, a quien parece representar el arquetipo argentino que todo se lleva por delante.
Aterra ver que hasta supuestos críticos de la gestión, dan por sentado lo del «éxito» del canje: y no emiten palabra sobre los veinte mil millones que se quieren, literalmente, saquear. Situaciones que casi nadie manejaría de modo individual, como se lo hace oficialmente y en nombre del país, en términos como los que se utilizan muy bien aceptados proviniendo de los gobernantes.
Es posible que resulten muy entendidos en el fenómeno de masa, llegando a puntos casi inexcusables con total naturalidad y hasta desempeñando el papel de ofendidos, cuando resultan ofensores. Muchísima parte de la ciudadanía parece dispuesta a avalar que: «hasta ahora les ha ido bien», lo que implica que nada merece revisarse, u objetarse formalmente. Ciertamente, un fenómeno que parecía en la bruma del pasado y que tiene un remake.
En la Bolsa, todo parecía también acompañar el concepto y sumarle al entusiasmo de sus ratios. Pero, por ese también notable fenómeno que poseen los mercados: resultó el indicador que mostró su cara contraria en lo mejor de la fiesta. Señales de que «no todo está bien» y a la que se le podrán adjudicar estímulos contrarios foráneos -como la tasa de Greenspan- para no ligarlo a inquietudes internas, pero que la realidad de la depuración ejecutada se encarga de diluir. Cuando va llegando el temido valle invernal, y ya en las empresas están viendo de qué modo enfrentar otro apretón energético, en la superficie se ha comenzado con la «caza de brujas» para sofrenar aquello mismo que se ha venido incentivando: el resurgir inflacionario, derivado de una serie encadenada de cuestiones que -tal el estilo imperante- no han merecido la adecuada atención preventiva. Es patético instalar la idea del «boicot», voceado en la calle por gente que olvida aquello del: «bien sustituto».
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