31 de mayo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

En lugar de insistir con un gradual camino, por el que se pueda salir firmemente de la crisis y sus peores valles, el año electoral parece dictar otro tipo de discursos. Y todos quieren servirse del plato, por las dudas que después del acto: el menú abundante vaya escaseando. Cada uno juega en la suya, a la manera clásica, los gobernantes quieren votos: la gente, plata. Por medio de satisfacer el requerimiento, se supone que el objetivo se pueda cumplir. Y, lo que siga después, no es asunto para ponerse serios ahora. Un modo de razonamiento al que solamente imaginamos, en base a cómo ha venido siendo siempre desde nuestra edad más temprana, desde que recordemos. Y si esto se ajusta al patrón tradicional, la conclusión es que solamente los nombres cambian pero que no puede hablarse de ningún tipo de cambios, respecto de lo que tantas veces se critica de gobernantes anteriores. La otra conclusión sería que los actuales, y el país, deberían terminar del mismo modo aunque se vista con ropaje dialéctico distinto. Ahora está en el ojo de la tormenta el intentar meter en un marco vigilado por lo oficial, las discusiones y pedidos unilaterales salariales -que ni siquiera quieren ir a discusión- con algunos casos testigo, que son capaces de poner los pelos de punta a otros sectores que se la ven venir.

Contra esto, se alzan voces sindicales -lógicas- y hasta oficiales, pretendiendo que las empresas salieron bien de la crisis y que están florecientes: maduras en sus números rebosantes, como para complacer cualquier tironeo salarial que se les presente. Quienes, como nosotros profesionalmente, deben estar recorriendo balances a diario dentro de la centena de sociedades listadas en Bolsa, saben que no hay modo de atrapar en un concepto global la idea de la abundancia empresarial argentina.

Claro, si esto no funciona como argumento, se tiene una suerte de «plan B» para aplicar: entonces, se apela al remanido discurso de "lo mucho que ganaron en los '90". Del terrible endeudamiento al que se accedió a través de la devaluación, y el estallido de todo tipo de marcos mediante las leyes de emergencia, no hay referencias. Podemos decirle al lector: que así como existe un grupo de cotizantes que muestran un muy buen repunte, existe otro grupo que recién sale de lamerse sus heridas por medio de un buen ejercicio: pero con pasivos y acumulados negativos de arrastre, que nadie sabe de qué modo se podrán enjugar en cierto plazo. En otro grupo, están las que sienten el rigor de los costos y ven que sus márgenes ahora se van contrayendo, hecho que podría agravarse en cada trimestre (en cuanto aparezcan las nuevas facturas por «servicios» en alza).
La confrontación de lo político vs. lo económico es el eterno drama nacional. Torpedo para muchos planes sensatos.

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