1 de agosto 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Penalizar un supuesto «oligopolio» y aplicar feroces sumas implica también una responsabilidad mayor: la de expandir investigaciones a través de todos los renglones de la economía. De lo contrario, siempre queda flotando que uno le apunta al que desea, como una suerte de escarmiento que pueden -o no- tener sus causas en esa mala formación de precios, acordada en vez de ser competitiva. Pero, como nada de lo nuestro es simple, el hecho de las «cementeras» puestas en la guillotina retrotrae los hechos supuestos a la década anterior. Si no leímos mal, se trató de condenar la actuación entre 1991 y 1999. Bastante tiempo se tomaron para poder descubrir en 2005 un «oligopolio» de dos décadas atrás. Parece que en toda cuestión se pone en marcha el revisionismo, llegando esta especie de castigo tardío, e inclusive penalizando a sociedades ya cambiadas de mano, con otros directivos en varios casos. Cuando el sector podía haber sido chequeado en la época presente y, de presentarse la misma figura, caer con el mazo sobre quienes resultan actuales grupos de control. En fin, no tenemos estadísticas puntuales acerca de cómo se manejan en el mundo tal tipo de cuestiones, pero cuando surgen ciertos casos nos enteramos de juzgamientos por hechos recientes o en plena marcha de ellos.


Esta humilde columna se dio un par de satisfacciones. Por una parte, el tener que anunciar el corte de los bonos indexados por inflación (a los que llamamos remake de los funestos VANAS de los '70) demuestra que resultó una torpeza de marca mayor -de nuestros funcionarios del área económica- haber reflotado una especie que traía consigo institucionalizar la inflación, promover todo tipo de lamentables juegos de antaño -llámese «bicicletas»- y siendo un excelente caldo de cultivo para incentivar la inflación. Los pararon, casi sin que se oyeran críticas ante tamaña equivocación, que ya le cuesta al país enorme suma adicional de deuda. Esta columna supo condenarlos en su momento, cuando los empezaron a emitir. Y en poco tiempo, debieron abdicar de seguir hacia lo que era una tumba segura.


Lo otro, recordará el lector, fue cuando conceptuamos de insólito y de casi irracional que se aplicaran castigos al consumo de energía de 2005, comparado con 2004. Y proponíamos tomar un promedio de temperaturas invernales de, al menos, una década, para relacionar los factores que no pueden ir disociados: consumo/temperatura. Ahora, y al parecer ante las quejas llegadas de varios puntos del país, otro organismo que cometió tremenda torpeza anuncia dar marcha atrás y que se cotejará el actual invierno con el de 2003, donde hubo registros más bajos de temperatura. No parece ser el ideal, pero quedó demostrado también que lo aquí expuesto tenía la simpleza de la lógica. Da terror pensar en manos de cuántos improvisados estamos, ¿no?

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