4 de agosto 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Los balances de junio van asomando. En realidad, lo que viene asomando es alguna carta adelanto, como el caso de Solvay Indupa. Un semestre con excelentes saldos que llegan a rozar los $ 95 millones de beneficios, a través de haber facturado $ 770 millones en seis meses. El porcentual de aumento en tal aspecto es elocuente: 28,4% superior a lo que pudiera obtener por ingresos, en igual lapso de 2004. Más allá de la línea final, que tiene los recortes impositivos, vale poner la mira en lo que consiguió la sociedad en carácter de beneficios ordinarios.

Llegó a superar los $ 164 millones semestrales y debido -apunta- a que la demanda interna de PVC fue buena catapulta con aumento de 12% respecto del otro año. Inclusive, la venta de soda cáustica tuvo una mejora de 5%, acompañando el repunte de la industria.

Una muestra más que suculenta de primer semestre, mientras nos aproximamos a la llegada masiva de trimestrales a junio. En cambio, las memorias a igual fecha poseen un lapso mayor para tener que presentarse, como para que el inversor esté observando cómo fueron las cosas hasta mitad de año mientras el calendario ya lo coloca encima del tercer trimestre. ¿Usted puede creer, amigo lector, que las sociedades no tengan ya para sí realizados los balances? Y, vaya a saber... Lo que es concreto se refiere al arribo de tales estados contables, la gran mayoría apiñados unos con otros en el límite mismo del plazo legal. Así somos...

El mercado accionario está necesitando un buen conglomerado de balances de buenas cifras, tanto como para que las utilidades empresarias -accionarias- sirvan de motor a una recuperación de segundo semestre que mostró sus regios saldos en la Bolsa de julio. Todo un semestre en blanco, yendo y viniendo, consiguiendo diferencias en mayo y perdiéndolas otras vez en junio.

Sabido es que lo que gobierna una tendencia no atraviesa el puro meridiano de lo intrínseco, del argumento bursátil nato, sino de lo que llegue de los grandes hacedores de causales: la política y la economía del país, más allá de si existiera cierto argumento de mucho peso en el mundo que pudiera alcanzarnos con sus efectos.


Pero también las acciones deben responder a ciertos ratios de base, los que -en conjunto- brindan la sensación imprescindible de «valor» por encima del simple «precio».


Es lo que separa nítidamente a una inversión de un simple juego, donde no todos los papeles son iguales -aunque de pronto se enganchen en igual tendencia de fondo- y se puede establecer un ranking de «mejores» y «peores». La llegada de buenos estados contables puede resultar un buen incentivo para afirmar el índice en la centena recuperada -1.500 puntos- y procurarse una meta más elevada. Es una carrera contra calendario, después de haber tenido que «regalar» el primer semestre.

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