8 de agosto 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

De todo se aprende, así como -seguramente- aprendieron la lección de junio los funcionarios que habían dejado trascender un índice de inflación, mucho más bajo que el que apareció. Y se les vino el agua, agitaron el ambiente en contra y generaron un pozo de desilusiones, gratuito. Ahora, la estrategia pasaba por la otra cuerda, que se hablara bastante de índice de julio en 1,3% a 1,5%: para surgir con 1% clavadito y como que en el espíritu de la gente se produjo el clásico suspiro de alivio. Que no deja de ser malo tener 1%, pero por simple comparación con lo que se había difundido de estimado, hasta suena a pasable. «¿Viste que no era para tanto?», uno de los comentarios domésticos. O bien: «Se ve que la inflación ya está aflojando...». Lo sentimos mucho, nuestra propia y simple medición -que pasa por la velocidad de aniquilación, de un billete de $ 100- nos dice que el ritmo de julio no fue para nada suavizado. A menos, claro, que uno se habitúe a los artículos de tercera, cuarta clase, de los que no suben en precio, pero decrecen en calidad a niveles hasta peligrosos (especialmente, cuando se trata de alimentos).

Uno está en derecho de creer, o no creer, así como se puede creer -aunque pocos lo creyeron- que un bono en dólares argentino equivale a un dólar billete. También se puede creer, o no, en estos índices de inflación que suelen darse de frente con la realidad que uno le toca vivir en cada mostrador, en cada góndola, en cada «pedido de fiado» que se multiplica en el almacén del barrio. Los fines de mes quedan cada vez más lejos, aunque haga esfuerzos para recortar algo más del presupuesto en cada mes que pasa. Esa inflación, la de calle, no lleva el mismo número acumulado que detentan las estadísticas oficiales. Puede que sea sensación, tan sólo...



Mientras esto sucedía, con los índices de precios de la economía, los índices bursátiles siguieron dando trabajo para poder dar con una conclusión que no haga agua por algún lado. Aunque la buena demostración de la suba de los pisos, después de cada suba y baja, puede dar señal favorable: sigue habiendo ruedas propicias para desconcertar. De las recientes, elegimos la del miércoles, porque allí se verificó un desborde de oferta y una actitud «inelástica», que rebasó lo que se venía dando de manera consecutiva. En ese día no importaba que la demanda estuviera encogida ni que los precios retrocedieran; había manos que seguían dando y rompiendo esa « elasticidad» que congeniaba casi de manera automática: cuando menos órdenes de demanda, las de oferta se acomodaban, como las sardinas dentro de la lata. La rueda del miércoles nos quedó como señal para verificar en días siguientes, por el desacople de las fuerzas y con la «oposición» jugando su papel, en lugar de adherir al «verticalismo» oficial.

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